Historia de la vida privada

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La idea de hacer una historia de la vida privada como la que se comenta aquí, parte de la sugerencia hecha por el di-rector de la editorial du Seuil, Michael Winock, —que publi-carA la edición original francesa— en un momento en que la presenciaen el mercado de una seriede libros sobre aspectosconcretos de la vida privada y de la existencia cotidiana in- dicaba que era éste un tema que satisfacíala curiosidad de unamplio sector de la población. Y que posibilitaba, en conse-cuencia, un alto número de ventas: de hecho, laobra dirigidapor Ph. Ariés y G. Duby, cuyos das primeros tomos han sido recientemente publicados en español, ha mostrado cumplirlas previsiones, situandose a la cabeza de los libros más ven- didos no solo en Francia sino en otros lugares en que ha sido publicado.

Elconcepto de privacidad, sin embargo, es relativamente nuevo pues surge dentro de las sociedades burguesas de los si-glos XVIII y XIX y esto plantea el primer problema en rela- ción a la pertinencia de su utilización para sociedades muydispares a aquéllas en las que el concepto nace. Duby, al ha-blar de este problema, sostiene que bien puede trazarse la pre-historia delconcepto, puesto que en todoslos idiomas existe una denominación para el área privada, para lo que él define como “una zona de inmunidad ofrecida al repliegue, al reti-ro, donde uno puede abandonar las armas y las defensas de las que conviene hallarse provista cuando se aventura al es-pacio público, donde uno se distiende, donde uno sc encuen-tra a gusto, ‘en zapatillas’, libre del caparazón con que nosmostramos y protegemoshacia el exterior. Es un lugar fami-liar. Doméstico. Secreto tambien - Al trazar la historia de este ámbito (como Helena Béjar lo califica en su reciente estudio*) la obra, dirigida porG. Duby y Ph. Arita (hasta su muerte en 1984>, sigue las huellasde la llamada “nueva historia” y se ven en ella los trazos inequí-vocosde la obra de Foucault, cuyos trabajos pusieronen cues-tión muchos aspectos,probablemente no tanto en el terreno estrictamente histórico cuanto en las propias interpretacionespolíticas y sociales de nuestro tiempo, al posibilitar nuevas ópticas en las preguntas sobre el pasado y, por ello, nuevascuestiones sobre el presente (¿existe alguna historia que nosea historia del presente?>. La educación y sus modos, la mo-ral y los comportamientos sexualea, la relación con elcuerpo,propio y de los otros, el cuidado del mismo, la higiene, etc.estudiados en las páginas de esta obra, deben mucho a los es-critos foucaultianos. Como también lo deben al estudio pio-neroque N. Elias redacta en 1939 y cuya edición alemana, he-cha casi cuarenta años después, llena hoy las librerias euro-peas. Es también claro el peso de lasaportaciones de la psi-cologia y la antropología sociales y deese “cajón de sastre” en que muchas veces parece haberse convertido la historia de las mentalidades.

Todas estas deudas e influencias múltiples hacen que esta obra, dirigida por dos historiadores tan prestigiososcomo, en cierto modo, dispares (Ariés, historiador activamente no aca-démico, bien conocido por su historia sobre la infancia y so- bre lascambiantes actitudesante la muertey O. Duby,miem-bro destacado del College de France, agil y vivas medievalis-ta, que ha recorrido con su pluma los más variados aspectosde una época en que es uno de los mayores expertos>, se nos aparezca como un conjunto heterogéneo, redactado por38 es- pecialistas, franceses en su mayor parte, que, a lo largo de cin- ca tomos, recorren dos mi? años de historia y realizan unas contribuciones que, aúnestando coordinadas por eldirector de cada volumen, conservan una autonomía en la exposición y el planteamiento que hace que el resultado final no sea li- neal ni exahustivo y aparezca, en algunos momentos, como un rompecabezas al que faltan multitud de piezas. Tampoco pretende ser otra cosa. Dificilmente podría: ha-cer una historia así es un empeño imposible. De hecho, como afirma Duby, lo que se...
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