Historia de un pepe- jose milla

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Historia de un pepe
José Milla

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I
Una desconocida a quien sigue un desconocido

Personas a quienes conocimos ancianas ya y que duermen hoy el sueño eterno debajo de la tierra, nos contaban que los últimos días de diciembre de 1792 fueron extraordinariamente fríos, y el 28 del mes aún más destemplado que los otros.Como en aquellos tiempos no se hacían observaciones meteorológicas, nuestros lectores tienen que conformarse con el dicho de los viejos, de quienes tuvimos nosotros la noticia, y creer, sobre su palabra, que el día de Inocentes de 1792 faltó muy poco para que se cubrieran de escarcha los tejados de esta capital.
Bien sabido es, además, que en aquella época la novísima ciudad de Guatemala nocontaba por las noches con otro alumbrado que el que proporcionaban generosamente a la tierra las estrellas del cielo y el de la luz mortecina que despedían, en una u otra calle, las candilejas encerradas en algunos nada limpios faroles, colgados delante de los nichos de los santos.
La ciudad parecía, pues, un vasto panteón, donde no se veía criatura viviente, ni se oía otro rumor que el queformaba el cierzo helado que hacía retemblar los cristales de las ventanas.
En el centro mismo de aquel cementerio de vivos había otro de muertos, el de la parroquia del Sagrario, que ocupaba el sitio donde se levanta hoy el mercado central, i Extrañas vicisitudes las de las cosas de este mundo I Aún no hace cincuenta años la manzana que cae al oriente de la catedral era un lugar destinado aguardar los despojos de la muerte. Un día se notificó a los difuntos la orden de desocupar el campo y las blancas osamentas tomaron, en silencio, el camino de San Juan de Dios. Aún nos parece que vemos desfilar por las calles la fúnebre procesión.
Hoy ocupa el antiguo palacio de la muerte todo cuanto puede contribuir a mantener la vida. ¡Qué bulliciol iqué algazara! ¡qué animación I Cuandosolemos atravesar el mercado, abriéndonos paso con dificultad al través de los promontorios de vendimias y entre la apilada muchedumbre de los expendedores, nos asalta la idea de que sería un espectáculo curioso el que se ofrecería a aquella multitud si se presentaran de repente los antiguos propietarios del local, reivindicando el sitio de que se les despojó sin oirlos.
Perdonad, lectores, ladigresión, y volvamos al año 1792, en que no había en la plazuela del Sagrario mercado sino cementerio.
A las dos de la mañana del día 28 de diciembre se deslizaba una figura blanca pegada a la pared exterior del panteón. Avanzaba lentamente y como con temor, tanto que necesitó emplear más de un cuarto de hora para andar las cien vraras que hay desde la esquina noreste a la sureste de la plaza.Es decir, que aquella figura humana venía de la calle de Santa Teresa hacia la parte central de la población. No obstante la lentitud con que caminaba, podía advertirse que era joven, y el traje que vestía revelaba una mujer de lo que se llamaba entonces clase media. Cubríale la cabeza y la mitad del cuerpo un gran paño blanco (probablemente una colcha), y parecía llevar -en los brazos algúnobjeto que le interesaba mucho resguardar del frío, pues procuraba cubrirlo con el mayor esmero.
Por desgracia no asomó en aquel momento por la calle que seguía la desconocida ni el mayor de plaza con su patrulla, ni un vecino cualquiera a quien alguna gravísima necesidad hiciese aventurarse a aquella hora y con el frío intenso que hacía por las inmediaciones del cementerio. Si alguno la hubieravisto, la habría tomado por alma de la otra vida y tendríamos hoy una leyenda poética que podríamos aprovechar, en vez de tener que limitarnos a ser fieles narradores de hechos prosaicos de la vida real.
Al llegar a la esquina sudeste del cementerio, la mujer se detuvo y fue a arrodillarse delante de una imagen de la Virgen de Dolores que ocupaba un nicho en el ángulo que hacían las paredes...
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