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El Mito Maya de la Creación
Al regresar al Xibalbá, para tomar venganza, urdieron una trampa. Tras interpretar diversos números asombrosos, Xbalanqué decapitó a Hunahpú y volvió a colocarle la cabeza. Los dioses, encantados con el espectáculo, les rogaron que los decapitaran y les devolvieran la vida también a ellos. Los Héroes Gemelos simularon obedecer y procedieron a decapitar a los dioses.Al final lograron consumar su venganza: se negaron a recomponer sus cuerpos y los derrotaron para siempre. Así fue cómo triunfó el bien sobre el mal, y el mundo estuvo preparado para la creación de los seres humanos. Xbalanqué y Hunahpú emergieron del Xibalbá como el sol y la luna -dones para los mayas- y se elevaron al cielo. Cada día reinterpretan su viaje al mundo del Más Allá y su jubilosoretorno.
Ambos habían nacido el mismo día en un pueblo de los más pobres de la Coruña. Sus padres eran parientes lejanos, y cada cual tenía ya, al venir los muchachos al mundo, seis o siete chiquillos, que vivían mal alimentados y casi desnudos junto a las vacas que constituían toda la fortuna de aquellas familias.
Les pusieron por nombres, al uno Cosme y al otro Damián.
Los niñosfueron buenos amigos desde sus primeros años, a pesar de la diferencia de gustos y de caracteres. Cosme era activo, amante del estudio, inteligente; y Damián, por el contrario, perezoso, torpe y de escaso talento. Los dos sacaban las vacas a pastar en el campo, y mientras Damián, echado en la hierba, procuraba -138- dormir o no hacer nada, Cosme deletreaba en cualquier papel o libro viejo que buscabasin que nadie supiera cómo, y en el que estudiaba solo, pues sus padres no le mandaban a la escuela, yendo únicamente el hermano mayor.
El tiempo pasó así para los dos chicos, hasta que un día sus familias decidieron que salieran del pueblo en busca de trabajo, muy escaso allí.
-¿Y dónde iremos? -preguntó Damián.
-Donde haya en qué ganar un pedazo de pan -le dijo su padre.-¿Iremos juntos? -interrogó Cosme.
-Como queráis -les contestaron.
Los dos niños se despidieron de sus respectivas familias y partieron sin llevar más equipaje que un poco de ropa vieja atada en la punta de un palo, algunas monedas, escasas y de corto valor, y un escapulario que les puso la abuela de Cosme.
Damián caminaba triste y silencioso; su compañero iba más animado, contemplandocon placer, ya la verde campiña que cruzaban, ya el cristalino río o el arroyo donde mitigaban su sed, o los altos campanarios y las casitas blancas de los pueblos.
Damián se cansaba pronto de andar, y tenían que detenerse a menudo, lo que -139- no era del agrado de Cosme, que deseaba verse en alguna población de más importancia.
Comían poco y mal en las posadas de más pobre aspecto,dormían bajo los árboles o en cualquiera tierra inculta, y a pesar de eso, su modesto capital disminuía de tal manera, porque las monedas que lo componían eran de cobre, que a los pocos días de haber salido de su aldea ya no poseían casi nada.
Fueron, por fin, admitidos como segadores, trabajaron con ahínco para un labrador muy rico de un lugar, y al terminar la faena, con el dinero que cobraronpudieron continuar su viaje.
-Pero ¿dónde quieres ir, que nunca acabamos de andar? -preguntaba Damián, que se hallaba rendido.
-Pues a la capital -respondía Cosme. Todo esto con un marcado acento gallego, del que hago gracia a mis lectores, pero que ellos suplirán si así les place. Al cabo entraron en la ciudad anhelada, Damián más desanimado que nunca y Cosme más lleno de ilusiones.Fueron, al pronto, areneros los dos.
-No pasaremos de aquí -decía el primero-, no servimos para otra cosa; y tú verás cómo en la vida tendremos un cuarto.
-Pues yo pienso ser millonario -decía -140- el otro-; no hay nada que en el mundo no se logre con buena voluntad y perseverancia.
Durante la noche, Cosme seguía aprendiendo lo que podía, mientras su amigo dormía, ya en una obra...
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