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  • Publicado : 16 de mayo de 2011
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Hasta ahora, la generalidad de los moralistas y filósofos han estado de acuerdo en que la virtud no podría existir sin la abnegación; pero he aquí que un autor moderno, muy leído por las personas prudentes, es de opinión contraria e imagina que los hombres pueden ser naturalmente virtuosos, sin pena ni violencia[1]. Parece requerir y esperar bondad de la especie, como hacemos con el sabor dulcede las uvas y naranjas, de las cuales, si alguna sale agria, afirmamos sin vacilar que no ha alcanzado la perfección de que su naturaleza es capaz. Este escritor noble (pues me refiero a lord Shaftesbury en sus Charactiristicks) imagina que, puesto que el hombre está hecho para la sociedad, ha de nacer con un bondadoso afecto para con el conjunto del cual forma parte y con una propensión a procurarel bien del mismo. Como consecuencia de esta suposición, llama virtuosa a toda acción realizada con el propósito de contribuir al bien público, y vicio a toda actitud egoísta completamente ajena a esa intención. Respecto de nuestra especie, considera a la virtud y al vicio como realidades constantes, que han de ser las mismas en todos los países y en todas las edades[2], e imagina que una personade inteligencia sólida observando las reglas del sentido común, no solamente puede descubrir ese pulchrum & honestum[3], tanto en la moral como en las obras del arte y de la naturaleza, sino también gobernarse a sí misma por su propia razón, con la misma facilidad y habilidad con que un buen jinete maneja de la brida a un caballo bien amaestrado.

El lector atento que haya visto detenidamentela parte precedente de este libro al punto advertirá que no puede haber dos sistemas más opuestos que el de Su Señoría y el mío. Admito que sus ideas son generosas y refinadas, altamente halagüeñas para el género humano y capaces, con un poco de entusiasmo, de inspirarnos los más nobles sentimientos hacia la dignidad de nuestra levantada naturaleza. Lástima que no sean acertadas. Si no hubiesedemostrado yo, casi en cada página de este tratado, que su solidez es inconciliable con nuestra diaria experiencia, no diría lo que afirmo: pero para no dejar ni la sombra de una objeción si contestar, me propongo ampliar algunas cosas que hasta aquí sólo he esbozado someramente, con el propósito de convencer al lector, no sólo de que no son las cualidades buenas y amables del hombre las que hacensuperior, como criatura sociable, a otros animales, sino, además, de que sería de todo punto imposible educar a las multitudes de una nación rica populosa y floreciente, o una vez educadas mantenerlas en tal condición, sin ayuda de lo que llamamos el mal, tanto natural como moral.

Para mejor lograr lo que pretendo, analizaré primero la realidad del pulchrum & honestum, el tó xaróv[4] de quetanto han hablado los antiguos. El sentido de éste consiste en inquirir si realmente existen valor y excelencia en las cosas, preeminencia de una sobre otra en la que coincidan todos los que bien las comprenden, o cuáles son las pocas cosas, si es que hay alguna, que sean merecedoras de la misma estima y se le juzgue de igual manera en todos los países y en todas las edades. Cuando emprendemos porprimera vez la búsqueda de este valor intrínseco, y descubrimos que una cosa es mejor que otra y una tercera mejor que ésa, y así sucesivamente, empezamos a abrigar grandes esperanzas de éxito; pero, cuando nos encontramos con varias cosas que son todas muy buenas o muy malas, nos quedamos perplejos y no siempre de acuerdo con nosotros mismos, cuando mucho menos con los demás. Existen diferentesdefectos y bellezas, los cuales, así como se alteran las modas y costumbres, y los hombres varían en sus gustos y humores, serán admirados o reprobados de manera diferente.

Los entendidos en pintura nunca disienten cuando compraran un buen cuadro con el adefesio de un novato; pero, ¡cuan extrañamente han diferido respecto de las obras de maestros eminentes! Entre los conocedores se forman bandos...
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