Informe pelicano

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EL INFORME PELÍCANO
JOHN GRISHAM

Traducción De Enric Tremps Título Original: The Pelican Brief

Biografía John Grisham se graduó en Derecho por la Universidad Estatal de Mississippi y por la Ole Miss Law School, trabajó durante dos legislaturas en la Cámara de Representantes de Mississippi, y en la actualidad ejerce la abogacía como «criminal defense attorney» en este estado. Junto con suesposa y sus dos hijos reside en una casa de campo cerca de Oxford. Sus novelas La tapadera, Tiempo de matar, El cliente y Cámara de gas, publicadas por Editorial Planeta, han sido grandes bestsellers mundiales. DEDICATORIA A mi junta de lectores: Renée, mi esposa y editoraextraoficial; mis hermanas, Beth Bryant y WendyGrisham; mi suegra, Lib Jones, y mi amigo y compañero de conspiración, BillBallard AGRADECIMIENTOS Muchas gracias a mi agente literario, Jay Garon, que hace cinco años descubrió mi primera novela y la paseó por Nueva York, hasta que alguien dijo sí. Muchas gracias a David Gernert, mi editor, con quien comparto además una buena amistad y un entusiasmo por el puritanismo del béisbol, a Steve Rubin, Ellen Archer y al resto de la familia de Doubleday, y a Jackie Cantor, mieditora en Dell. Muchas gracias a quienes me han escrito. He procurado contestar todas las cartas, pero si he olvidado una o dos, os ruego que me perdonéis. Mi especial agradecimiento a Raymond Brown, auténtico caballero y excelente abogado de Pascagoula, Mississippi„ que me sacó de un aprieto; a Chris Sharlton, compañero de facultad que conoce los callejones de Nueva Orleans; a Murray Avernt, amigo deOxford y de Ole Miss que reside ahora en Washington; a Greg Block del Washington Post; y, por supuesto, a Richard y a su equipo en Square Books.

UNO Parecía incapaz de crear tal caos, pero gran parte de lo que presenciaba en la calle era culpa

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suya. Y le parecía bien. Tenía noventa y un años, estaba paralizado en una silla de ruedas y conectado a una bombona de oxígeno. Hacía sieteaños, su segundo síncope había estado a punto de acabar con él, pero Abraham Rosenberg seguía vivo y, a pesar de los tubos en su nariz, tenía más influencia legal que los otros ocho. Era el único personaje legendario que quedaba en el tribunal y el hecho de que todavía respirara irritaba a la mayoría de la muchedumbre en la calle. Estaba sentado en una pequeña silla de ruedas, en un despacho del pisoprincipal del edificio del Tribunal Supremo. Tocaba con los pies el borde de la ventana y hacía un esfuerzo para inclinarse hacia delante, conforme aumentaba el ruido. Odiaba a los policías, pero el tupido y ordenado cordón policial le resultaba en cierto modo tranquilizante. Se mantenían enhiestos e inmóviles, ante un populacho de por lo menos cincuenta mil que pedía sangre. -¡La mayoraglomeración nunca vista! -chilló Rosenberg junto a la ventana. Estaba casi sordo. Jason Kline, su primer secretario, estaba de pie a su espalda. Era el primer lunes de octubre, día de la inauguración del nuevo período judicial, y consagrado por tradición a la celebración de la Primera Enmienda. Una celebración gloriosa. Rosenberg estaba emocionado. Para él la libertad de expresión significaba libertad derebelión. -¿Están ahí los indios? -preguntó levantando la voz. -¡Sí! -respondió Jason Kline junto a su oreja derecha. -¿Con maquillaje bélico? -¡Sí! Vestidos para entrar en batalla. -¿Bailan? -¡Sí! Indios, negros, blancos, castaños, mujeres, homosexuales, amantes de los árboles, cristianos, defensores del aborto, arios, nazis, ateos, cazadores, amantes de los animales, defensores de la supremacíablanca, defensores de la supremacía negra, anticontribuyentes, leñadores, agricultores: un enorme océano de protesta. Y la policía antidisturbios, porra negra en mano. -¡Los indios deberían admirarme! -Estoy seguro de que lo hacen -asintió Kline con una sonrisa, al frágil hombrecillo de puños cerrados. Su ideología era sencilla: el gobierno por encima de los negocios, el individuo por encima...
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