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  • Publicado : 25 de abril de 2011
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Cada día a medida que el sol se oculta, las ciudades se visten de luces, las tiendas prenden sus iluminados letreros, los hoteles alumbran sus entradas y hasta los carros le dan un ambiente de luz en movimiento a cada avenida.
En esas horas, mientras que muchos buscan escabullirse en medio de la oscuridad en algunas esquinas, todos pueden ver y denotar a la prostitutas de la ciudad, la luna essu fiel compañera y con una tarifa establecida esperan pacientemente a aquel caballero que se detenga por ellas, con suerte un extranjero, mejor si esta tomado, pues la tarifa es más alta y el trabajo mucho más fácil.
En una de las tantas esquinas de la ciudad, a dos cuadras de un prestigioso hotel, esperaban Mireya y Rita, dos prostitutas veteranas de unos veinticinco años. Rondaban las dos dela madrugada y ambas amigas habían tenido una noche muy movida, por lo que estaban considerando la idea de irse a comer algo, cuando de pronto un auto sedan, de marca japonesa, nada impresionante, pero del año, se detuvo junto a las dos amigas y le preguntó a Rita cuanto cobraba por hora. Rita una mujer trigueña de barrio, con buena figura, larga cabellera negra y largas pestañas postizas, leinformo al novato que ella no cobraba por hora, sino dependiendo de lo que él quisiera que ella hiciera por él. A Darío, el hombre que manejaba el carro, no le sirvió la respuesta de Rita y mirando a Mireya volvió a hacer la misma pregunta. Mireya, una mujer igual de barrio pero no tan agraciada como Rita, miró a Darío a los ojos y notó un dejo nostalgia en esas grandes pupilas cafés adornadas conunas pestañas más largas que las postizas de Rita, y con un poco más de dulzura le dijo que cobraba cien dólares la hora.
Era más de lo que ella habitualmente cobraba, pero en fracciones de segundos Mireya que era vieja en el negocio, sumo el carro nuevo, más el hambre que ella tenía, más el hecho de que Darío se veía como un hombre joven, que muy posiblemente si le haría trabajar la horacompleta, y redondeándolo todo llegó a esa cifra ante la risa cómplice de Rita, que admiraba su osadía. Cual sería la sorpresa, cuando Darío le dijo que estaba bien, y que subiera al carro. Ambas amigas se miraron sorprendidas, y afloro la desconfianza propia de esas negociantes, que ante más de un mal rato que han pasado, no suelen confiarse solo por unos bonitos ojos, en ese momento ambas se acercarona la ventanilla del carro y Mireya le pregunto:
* ¿Quieres hacerlo toda una hora?
* De hecho quiero tenerte por más de una hora.
* ¿Qué tienes pensado una orgia con amigos?
* No, para nada, solo yo
* ¿Cuántas horas planeas hacerlo?
* ¿Qué hora es?
* Son las dos de la mañana
* Cuatro horas
Mireya y Rita se miraron, y sin contener la risa, pensaron que se tratabade una cámara indiscreta y volviendo a ver hacia todos lados buscando la cámara, Rita se animó y para hacer la cámara indiscreta todavía más obscena le dijo:
* Papi, cuatro horas por cien dólares la hora, nos vamos las dos contigo.
* No, tú no trabajas por hora, además con una me basta, si me van a rebajar por el tiempo. Entonces mejor se va ella conmigo y le pago cincuenta dólares la hora.Darío hablaba tan enserio, que Mireya de una vez reaccionó ante la posibilidad de que se le hiciera Diciembre en Agosto, quitó a Rita de la ventana y despidiéndose de su amiga se montó al auto.
Una vez en el auto, Mireya seguía intrigada por las palabras de Dario y volvió a preguntarle:
* ¿De verdad quieres hacerlo por cuatro horas?
* Bueno quiero que estés conmigo cuatro horas.
*¿A dónde me vas a llevar?, Yo siempre voy a este hotel.
* Imagino, es el que está más cerca. ¿Pero es cómodo?, yo no lo conozco.
* Sí claro, tiene todo lo que necesitamos.
* Perfecto, a mí me da lo mismo.
* ¿Cómo te llamas cariño?
* ¿Me llamo Darío y tú?
* Mireya
Al momento ya habían llegado al hotel, Darío, le dio al carro al encargado de estacionarlos, y Mireya como...
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