Introduccion a la economia de la educacion

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Introducción a la economía de la educación.

La economía de la educación, concebida bien como una rama especializada de la economía o como un área independiente de los estudios educativos, nació alrededor de 1960. El momento de mayor apogeo fue la década de los años sesenta, alcanzando el punto culminante, poco más o menos, alrededor de 1970. Eran los tiempos en que con la identificación de lasfuentes de crecimiento de Denison se creía haber demostrado la contribución cuantitativa precisa de la educación al crecimiento económico, en que todo el mundo aclamaba el Capital Humano (1964) de Becker por los nuevos horizontes que abría con respecto a la economía laboral, en que todo debate acerca de la planificación educativa giraba en torno a los respectivos méritos del «enfoque de lademanda social», del «enfoque de los requisitos de la fuerza de trabajo» y del «análisis de la tasa de rendimiento».1 En resumen, esos eran los «años dorados» de la economía de la educación, en los que ningún verdadero Ministro de Educación hubiera soñado con tomar una decisión educativa sin contar con un economista en su equipo asesor.

Los primeros años de la década de los setenta presenciaron unprofundo cambio en el papel dominante que desempeñaban los economistas en la elaboración de políticas educativas. La explosión de inscripciones en centros docentes, que había marcado la historia de los sistemas educativos de todo el mundo desde 1945, empezó a mitigarse.

El optimismo inicial, que auguraba que la expansión de la educación igualaría de un modo eficaz las oportunidades de losindividuos de las sociedades industrializadas, dio paso a un nuevo pesimismo sobre las posibilidades de modificar la distribución de la renta a través de los medios educativos. Algunos bestsellers, como Inequality (1972), de Jencks et al., fueron los precursores del nuevo escepticismo acerca de la educación que entonces iba extendiéndose en el primer y tercer mundo. Varios estudios influyentes, como elInforme Faure, Learning to Be (Faure et al., 1972), no dudaron en afirmar que el prevaleciente sistema educativo era considerablemente disfuncional, y optaron por confiar en nuevas estructuras docentes que alternarían enseñanza y trabajo a lo largo de toda la vida de un individuo.

Pero el movimiento hacia lo que paso a conocerse como «educación recurrente» no tuvo el éxito esperado.Preocupados por la inflación, el paro juvenil y el actual o inminente exceso de individuos con una elevada preparación académica, la mayoría de los gobiernos de la década de los setenta recortaron los presupuestos educativos, y de ahí que temieran aventurarse de forma significativa en el inexplorado territorio de la educación recurrente (Blaug y Mace, 1977). Dadas las circunstancias, el poco entusiasmodisponible para llevar a cabo una reforma educativa fue inclinándose más y más en favor de una reforma cualitativa, prefiriéndola a una expansión cuantitativa. Sin embargo, el impulso de las mejoras cualitativas hizo que los economistas fueran considerados de menor utilidad que los psicólogos y psicometristas.

No debe sorprendemos, pues, que la posición ocupada por los economistas durante ladécada de los setenta fuera menos destacada que la que habían ocupado anteriormente. Sin embargo, la economía de la educación no desapareció por completo como un campo de estudio académico durante la década de los setenta, sino todo lo contrario. Esos años presenciaron un vigoroso desarrollo de la materia en nuevas direcciones, de modo que ahora podemos distinguir claramente una segunda generación deeconomistas de la educación que contrasta con una primera generación.

La segunda generación ya no cree que el concepto de la demanda privada -el denominado “enfoque de la demanda socia1”- proporcione una base lo suficientemente sólida como para permitir una planificación educativa cuantitativa. Tales conceptos casi nunca cuestionan los modelos de financiación educativa en curso, mientras que...
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