Isabel allende

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Cuentos, Recetas y Otros Afrodisíacos

POR

Isabel Allende

ILUSTRACIONES Robert Shekter RECETAS Panchita Llona

PLAZA & JANES EDITORES

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Créditos Director creativo: Lori Barra, TonBo designs Diseñadora: Nathalie Valette Producción: Jan &Eric Martí, Command Z Shane Iseminger Documentación artística: Carousel Research, NY Fay Torres-yap, Elizabeth Meryman, Leslie Mangold, LauriePlatt Winfrey

Tapa Flore, óleo de Ivan Loubennikov Galerie Alain Blondel, París (colección privada) Fotografía de David Allison

Contratapa Fotografía de Marcia Lieberman ©1997

Primera edición: octubre, 1997

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del «Copyright», bajo las sanciones establecidas en la reproducción parcial o total de esta obra porcualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografia y el tratamiento informático y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Derechos exclusivos para España y Latinoamérica Prohibida su venta a los demás países del área idiomática. ©1997, Isabel Allende Editado por Plaza & Janés Editores, S.A. Enric Granados, 86-88, 08008 Barcelona Printed in Spain----Impresoen España ISBN: 84-01-37592-4 — Depósito legal: B.35565-97 Impreso en Printer Industria Gráfica, s. a. Sant Vicenc dels Horts (Barcelona) L 375924

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Dedico estas divagaciones eróticas a los amantes juguetones y, ¿por qué no?, también a los hombres asustados y a las mujeres melancólicas.

Su aliento es como miel aromatizada con clavo de olor; Su boca, deliciosa como un mango maduro. Besarsu piel es como probar el loto. La cavidad de su ombligo oculta acopio de especias. Qué placeres yacen después, la lengua lo sabe, pero no puede decirlo. Srngarakarika, Kumaradadatta (siglo XII)

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Introducción
Y RONDO CAPRICCIOSO

Los cincuenta años son como la última hora de la tarde, cuando el sol se ha puesto y uno se inclina naturalmente hacia la reflexión. En mi caso, sin embargo,
4 el crepúsculo me induce a pecar y, tal vez por eso, en la cincuentena reflexiono sobre mi relación con la comida y el erotismo, las debilidades de la carne que más me tientan, aunque, hélas, no son las que más he practicado.

Me arrepiento de las dietas, de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme detareas pendientes o por virtud puritana. Paseando por los jardines de la memoria, descubro que mis recuerdos están asociados a los sentidos. Mi tía Teresa, la que se fue transformando en ángel y murió con embriones de alas en los hombros, está ligada para siempre al olor de las pastillas de violeta. Cuando esa dama encantadora aparecía de visita, con su vestido gris discretamente iluminado por uncuello de encaje y su cabeza de reina coronada de nieve, los niños corríamos a su encuentro y ella abría con gestos rituales su vieja cartera, siempre la misma, extraía una pequeña caja de lata pintada y nos daba un caramelo color malva. Y desde entonces, cada vez que el aroma inconfundible de violetas se insinúa en el aire, la imagen de esa tía santa, que robaba flores de los jardines ajenos parallevar a los moribundos del hospicio, vuelve intacta a mi alma. Cuarenta años más tarde supe que ése era el sello de Josefina Bonaparte, quien confiaba ciegamente en el poder afrodisíaco de aquel huidizo aroma que tan pronto asalta con una intensidad casi

nauseabunda, como desaparece sin dejar trazos para regresar enseguida con renovado ardor. Las cortesanas de la antigua Grecia lo usaban antesde cada encuentro amoroso para perfumar el aliento y las zonas erógenas, porque mezclado con el
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olor natural de la transpiración y las secreciones femeninas, alivia la melancolía de los más viejos y sacude de modo insoportable el espíritu de los hombres jóvenes. En el Tantra, filosofía mística y espiritual que exalta la unión de los opuestos en todos los planos, desde el cósmico hasta el...
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