Jaja

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  • Publicado : 17 de enero de 2011
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El coco
El ingeniero Roberto Paudi, asesor de urbanismo y miembro del consejo ejecutivo de la COMPAX, se enfureció la noche que escucho a la niñera Ester amenazar al pequeño Franco con estas palabras: “Si no te portas bien, en la noche va a venir el Coco”.
Le dijo a la chica que era intolerable que para educar a los niños se recurriera a esas supersticiones estúpidas que podían crear complejosindeseables en la tierna psique de su hijo. Ester se fue llorando y Franco se calmo cuando su padre lo llevo a la cama.
Esa misma noche, el Coco, flotando a ras del suelo como era su costumbre, se presento en la habitación del ingeniero Paudi, llevándole desazón a sus sueños.
Es sabido que el Coco adopta, según los países y usos locales, distintas formas. En aquella ciudad, desde tiemposremotos se aparecía como un enorme color negruzco, cuya silueta era una mezcla de hipopótamo y tapir. Algo horroroso. Pero si se lo observaba sin apasionamiento, se descubría, en el rictus bondadoso de su boca y en el destello un tanto afectuoso de sus pupilas, casi imperceptibles, una expresión que era todo menos malvada.
Como era de esperarse, en situaciones más o menos graves, podía infundir unaligera zozobra y a veces miedo. Pero generalmente cumplía su tarea con discreción. Cuando se acercaba a la cama del niño al que había que reprender, sin despertarlo se limitaba a penetrar en sus sueños. Ahí si dejaba huellas indelebles. Todo mundo sabe que incluso los sueños de los niños más pequeños tienen una capacidad ilimitada y monstruos de tamaño mastodóntico como el Coco pueden deambular porellos a su antojo y en plena libertad.
La antigua criatura no puso una cara demasiado simpática al presentarse ante el ingeniero Gaudí; todo lo contrario, adopto la fisonomía, agigantada por supuesto, del profesor Gallurio, que desde hacía dos meses era el auditor extraordinario de la COMPRAX, que navegaba por aguas difíciles. Gallurio tenía fama de ser un hombre muy severo, por no decirintratable, y era precisamente la bestia negra de Paudi, cuya prominente posición en la empresa podía verse amenazada en esas circunstancias tan serias.
Paudi se despertó bañado en sudor frio y aun tuvo tiempo de entrever al monstruo que escabulléndose por la pared (por la ventana no cabía su enorme mole), le enseñaba la monumental cúpula de su trasero.
A la mañana siguiente, Paudi no le pidió disculpasa la pobre Ester, sino que al constatar que verdaderamente existía el Coco no solo aumento su indignación sino que decidió hacer todo lo posible para eliminar al engendro.
En los siguientes días, siempre en tono de broma, sondeo el terreno con su mujer, sus amigos y sus colaboradores. Y se llevo la sorpresa de su vida al descubrir que el Coco era algo cuya existencia se daba por descontado, comocualquier fenómeno de la naturaleza: la lluvia, un terremoto o el arcoíris. Solo el doctor Gemonio, de la oficina jurídica, pareció mostrar cierta sensatez: cuando era pequeño recordaba haber oído hablar del asunto, pero luego se había convencido de que era una fabula sin sustancia.
Como si intuyese su acendrada hostilidad, desde esa noche el Coco visito con frecuencia al ingeniero, siempre conel mortificante disfraz del profesor Gallurio que le hacía muecas, le tiraba de los pies, le sacudía la cama y una noche llego al extremo de enroscarse sobre su pecho, de modo que casi le ahoga.
Por tanto no debe extrañar que Paudi, en la siguiente reunión del consejo municipal, le comentase a un colega: ¿debía tolerarse, en una ciudad que presumía de estar en la vanguardia, la creencia desemejante superchería, propia de la Edad Media? ¿No era ya momento de tomar una medida determinante?
Primero fueron cuchichearos en los pasillos e intercambios informales de puntos de vista. Luego, el prestigio del ingeniero Paudi abrió el camino. Dos semanas más tarde el problema de planteado en el cabildo municipal. Obviamente para prevenir el ridículo, en la orden del día no se menciono al Coco...
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