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  • Publicado : 20 de agosto de 2012
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Como siempre la narración que pretende provocar la curiosidad de un niño, abre la puerta de la imaginación, con una llave mágica que despierta el mismo mecanismo automático: un hecho insólito nos roba la cordura, obligándonos a desplegar las alas para el vuelo fantástico. Un hecho trivial –en este caso, el ladrón pillado in fraganti por un niño- puede servirnos como anillo al dedo, paradesarrollar una trama inteligente. Sin apenas esfuerzo asistimos a la desafortunada conversación que mantiene Lucrecio con Calvino. Nos preguntamos de inmediato cómo logrará salir airoso este antihéroe, ¿podrá salirse con la suya? ¿Será capaz de volver sobre sus pasos o se verá obligado a seguirle el juego a este niño insolente que parece saberlo todo sobre su vida? Esta es la pregunta que lanzamos alaire, la que debes responder tú mismo, antes de calzarte las botas de siete leguas y echar a volar tu imaginación. Espero que tengas suficientes polvos mágicos, para salir por la ventana, es decir, para dejar que vuelen las palabras.

Era un caserón antiguo y destartalado, rodeado de un amplio jardín que hacía mucho tiempo que nadie cuidaba; tanto, que más que un gran jardín parecía un pequeñobosque. La casa no tenía aspecto de albergar cosas de mucho valor; pero había una ventana abierta en la planta baja, y esa era la clase de tentación a la que Lucrecio el Rata no podía resistirse. Además, si el Sopa lo había citado allí era porque el golpe valía la pena. El Sopa no solía equivocarse.no solía equivocarse, pero sí solía llegar tarde. Cuando llegaba, pues a veces ni siquiera aparecía,ya que se quedaba dormido con mucha facilidad. Por eso lo llamaban el Sopa.
Tras esperar más de media hora, Lucrecio decidió hacer el trabajo él solo. Parecía fácil, y si salía bien le daría una parte al Sopa por la información. Imitó el ladrido de un perro y, al ver que no obtenía respuesta (señal de que no había ningún chucho en la casa), saltó, no sin dificultad, la alta verja de barrotes dehierro rematados por amenazadoras puntas de lanza.
Mientras cruzaba sigilosamente el jardín, le pareció distinguir entre los matorrales los relucientes ojos de… ¿un gato? <<Es demasiado grande para ser un minino>>, pensó con un escalofrío al calcular el tamaño del animal por la separación de los ojos. <<Pero si fuera un perro habría ladrado>>.
Era más de medianoche y todosdebían de estar durmiendo, pues no había ninguna luz encendida ni se oía el menor ruido. De no ser por el débil resplandor lunar que se colaba en el salón por la misma ventana por la que se había colado Lucrecio, la oscuridad habría sido completa.
El ladrón sacó su linterna de bolsillo y se dispuso a encenderla. Pero no tuvo tiempo de hacerlo. Una gran lámpara de cristal que colgaba del techo seiluminó de pronto, y Lucrecio se encontró cara a cara con un niño que lo miraba muy serio a apenas un par de metros de distancia. Era un niño bastante extraño. De unos diez u once años, muy menudo y algo cabezón, de grandes y penetrantes ojos azules, todo vestido de negro. Y completamente calvo.
-Aún falta mucho para Navidad- y además tú no pareces Papá Noel.
-No tengas miedo, pequeño- susurróLucrecio con una sonrisa forzada. Su primer impulso fue salir corriendo, pero se contuvo; si actuaba con brusquedad, lo más probable era que el niño se pusiera a gritar. Y con la ventana abierta los gritos se oirían en la calle. Alguien podía cercarse y pillarlo saltando la verja.
-No tengo miedo- replicó el niño-. Y no soy pequeño.
-No quería ofenderte- se excusó Lucrecio-. Lo de<<pequeño>> es una forma de hablar, ya sabes... En realidad, eres bastante alto para tu edad.
-Deja de decir tonterías. A no ser que pienses que tengo cinco años, y por mi cara y mi forma de hablar es evidente que tengo al menos el doble, no puedes decir que soy alto para mi edad, pero, como dijo Napoleón, la grandeza no tiene nada que ver con la estatura. Aunque es normal que los bobalicones...
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