José martí: motivos de una utopía (cap. 1 de convivencias de el viajero. nuestra américa desde los márgenes)

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  • Publicado : 6 de marzo de 2012
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La usual imagen idealizada del hombre José Martí —excesivamente «apostólica» en su connotación sacro-cristiana— ha limitado, por extensión, los modos de análisis de su gestión emancipadora —su «predicación»— en su carácter de discurso estratégico. Se acepta el mensaje de sus textos, por lo general, en el sentido recto, sin considerar la conveniencia, casuística, de una evaluación sesgada, capazde poner de manifiesto destrezas circunstanciales al manejar los asuntos; es decir, se deja escapar la posibilidad de valorar su obra como proceso regulado con intencionalidad.
Sin embargo, en reiteradas oportunidades —en distintas épocas y en diferentes espacios de enunciación—, refrendó teóricamente el derecho al ejercicio oportunista de resortes formales y conceptuales —en lo profesional y ensu actividad política— a favor del logro de fines que lo ameritaran.
En 1881, advierte desde su frustrada Revista Venezolana: «La habilidad es la cualidad de los pequeños». Y encontramos que, ocho años después, reafirma en carta a Gonzalo de Quesada: «Es necesario ser hábil y honrado, contra los que son hábiles, y no son honrados». En un fragmento no fechado, redondea la idea: «Hay unoportunismo que es mera cobardía y pretexto para no ser honrado: y otro que es sagacidad». Tales frases nos ponen en situación de cuestionarnos los porqués y los cómos de algunas zonas «sospechosas» de su escritura. Representan una invitación al análisis: más bien una provocación a la exégesis suspicaz, a no dejarnos llevar por una lectura despreocupadamente lineal de sus textos.
Su experiencia personalcomo colaborador de importantes publicaciones periódicas y su observación directa de la intensa vida pública en el Estado moderno por antonomasia —los Estados Unidos—, debieron mostrarle muy pronto que la autenticidad y la objetividad —periodística, política— eran, generalmente, expresión de una «verdad» conveniente al poder, asistida por un profundo pragmatismo: el conocimiento transmitido comoconjunto seleccionado de certezas adecuadas a los intereses del emisor y no necesariamente del receptor —que así podía (y debía) ser normalizado hasta cubrir las expectativas delineadas para él en la estructura estatal. Allí conoció de primera mano cómo se procedía para hacer de los mensajes instrumentos orientadores del pensamiento y la acción de los destinatarios.
La conciencia de esosmecanismos de mediación le permitirían como profesional de las letras, en primer lugar, ubicarse con eficacia respecto a las cotas de lo conveniente y permisible —pericia que lo asistirá en el ejercicio no solo del periodismo, sino, desde luego, en el de otras expresiones literarias y en la vida pública, en general. Y, en segundo lugar, construir con efectividad «nuevas» verdades dirigidas al interésespecífico de nuestros pueblos, lo cual no ha de empañar, en ningún sentido, la «fuerza angélica de su apostolado».
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Dos de las conquistas más trascendentales para la vida y la espiritualidad humana de la llamada «edad moderna» occidental, proceso que supuestamente da comienzo a una era de emancipación para el hombre —y no estoy usando el genérico—, fueron, como tanto se ha afirmado, eldesarrollo sin precedentes de las formas de transporte y de los medios de comunicación, con lo cual los horizontes a alcanzar se tornaron cada vez más vastos, variados y complejos: desde el punto de vista geográfico y, especialmente, intelectivo.
Los escritores, en particular a partir del romanticismo, comenzaron a alcanzar reputación, precisamente, desde las fugaces páginas de los órganos de prensaque les permitían —además de colocar parte de los textos que consideraban «literarios»— ganarse la vida en un oficio estimado afín. No por ello dejó de existir prurito frente a la insipiente masificación cultural, entre aquellos que aún parecían ver la creación artística como oficio de «elegidos» y se resentían al tener que trabajar por encargo: vender sus textos como mercancía barata a la...
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