Judea

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STEPHEN DANDO-COLLINS

El Informe de Judea

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Argumento
Provincias romanas de Siria y Judea, año 71 de nuestra era. Roma ha conseguido sofocar la revuelta judía, pero un núcleo de Insurrectos, conocidos como los nazarenos, amenaza al Imperio. Para acabar con ellos, el poder romano abre una Investigación: el magistrado Julio Varrón debe indagar sobre la muerte de Jesús el Nazareno,que supuestamente resucitó tras ser crucificado en Jerusalén cuarenta años atrás. La reconstrucción no resulta fácil: gran parte de los testigos también han muerto y son muchos los interesados en que el informe no llegue nunca a Roma. Pero el magistrado está dispuesto a seguir hasta el final y esclarecer si la resurrección de Jesús fue obra del poder divino o una mera leyenda al servicio del poderhumano. Dando-Collins sumerge al lector en un momento crucial de la historia: los primeros pasos de una religión destinada a convertirse en universal. Y ello en una extraordinaria novela de Intriga histórica que hipnotiza y desasosiega.

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Para Louise, que siempre creyó; Richard, que iluminó el camino

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En el año 71 d.C, el cuestor Julio Terencio Varrón, un magistrado e investigadorromano, fue enviado a Judea para que indagara la muerte de Jesús de Nazaret, ocurrida cuatro décadas atrás. Sus órdenes eran demostrar que Jesús no se había levantado de entre los muertos. Esta es la historia de su misión.

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EL JUDÍO MUERTO
Antioquía, capital de la provincia romana de Siria. Febrero del año 71 d.C. En la época de nuestros abuelos, se levantó en Roma un hombre que seganó los corazones de sus compatriotas, un hombre distinto de todos los que lo habían precedido y de quienes le sucederían. Era nieto de Marco Antonio, pero no ambicioso. Era hermano de Claudio, pero no tonto. Era padre de Calígula, pero no depravado. Era... El rugido de la multitud interrumpió los pensamientos de Varrón y lo arrancó del relato histórico que llevaba años intentando verter al papel.Ante él, en la arena del anfiteatro de Antioquía, los prisioneros de guerra judíos habían quedado enfrentados entre sí por parejas. En cada pareja, uno iba armado y el otro no. Bajo el abrasador sol de mediodía, mientras una buena parte de los treinta mil espectadores disfrutaban de su almuerzo compuesto por pan recién horneado, especiadas albóndigas de cordero y frutas frescas de Damasco,proporcionados por el organizador de los juegos, unos judíos tenían que asesinar a otros judíos como entretenimiento para las masas. Ante el deleite y diversión de los espectadores sirios, algunas víctimas habían echado a correr en un vano intento de escapar de su cita con la muerte. No había forma de salir del estadio circular. En esos momentos, una pareja en concreto había llamado la atención y la iradel gentío que rodeaba a Varrón. El público vociferaba belicosamente su descontento. —¡Corre, judío, corre! —sonó el estridente grito de una mujer desde las filas superiores. —¡Mátalo, viejo, mátalo! —aulló malvadamente un joven a la derecha de Varrón. Un millar de gargantas lo acompañaron. A la sombra de una marquesina púrpura, Varrón, de treinta y cuatro años, moreno, atlético y bien afeitadocomo todos los romanos de su época, se hallaba sentado en la segunda fila del palco de autoridades del anfiteatro, el tribunal del organizador de los juegos. Sus profundos y negros ojos miraban fijamente la escena que se desarrollaba justo bajo el palco. Allí, de pie, había un hombre alto y desnudo salvo por un ancho cinturón de cuero. Era un judío de amplias espaldas; su piel cetrina colgaba de suhambriento esqueleto. Llevaba un casco de gladiador, con la visera llena de agujeros para los ojos y la cara, que le ocultaba el rostro y lo convertía en un ser anónimo. Un brote de barba grisácea sobresalía por debajo de la visera. En su mano derecha sostenía una espada corta. Estaba como petrificado mientras miraba

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a un joven de unos veinte años arrodillado en el suelo, desnudo. Allí...
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