Kikeknows

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hooolaDesde que publicara la mágica historia de Macondo, las estirpes condenadas a 100 años de soledad lo reclamaban como uno de los suyos y lo condenaban, a su vez, a la más dura soledad: la soledad del éxito, la terrible soledad del que se siente y se sabe solo entre una multitud que lo acosa y lo aclama:

"Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxitoliterario, o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como salchichas. Ese es mi caso. Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos literarios, las conferencias y la vida intelectual".

EL NOBEL
TODAVÍA no había llegado lo peor. A la vuelta de la esquina lo esperaba el premio Nobel y toda laaparatosa parafernalia que suele traer consigo. Demasiado para un hombre tímido hasta el sonrojo, introvertido, aficionado al vallenato, buen tocador de guitarra, glotón, madrugador, sedentario y nómada al mismo tiempo, que nunca firma sobre un papel en blanco (sus autógrafos los escribe sobre libros) y al que no le gusta viajar en avión porque el alma llega después que el cuerpo.

"Soy uno de losseres más solitarios que conozco, y de los más tristes, aunque resulte increíble... La gente del Caribe es muy así aunque tienen fama de todo lo contrario, de gregarios, de pachangueros, de fiesteros, pero tú los ves en plena fiesta y están con unos ojos de melancolía...".

Te comprendo, maestro, también las gentes de Andalucía tenemos fama de bullangueros y festivos pero la procesión va pordentro. Hay una soledad íntima en todos nosotros, una tristeza honda, una añoranza de no sé qué contra la que nada pueden el sol, la luz ni la bulla; ese sol, esa luz y esa bulla que hacen mucho más amarga, por contraste, la soledad en el Caribe o en Andalucía. Los tres momentos en los que me siento más solo en mi tierra (en esta tierra mágica, como Macondo o Amarcord, a la que le faltan un GarcíaMárquez y un Fellini para contarla) son el Rocío, la Semana Santa y la Feria, los tres momentos de máximo esplendor de la luz y de la bulla.

Puedo dar fe de tu tristeza caribeña, porque yo estaba allí y pude ver tus ojos de melancolía en plena fiesta.

La fiesta fue en La Habana, la ciudad más bella del mundo. El barrio: Siboney. El motivo: una cena en la residencia del doctor Danilo Bertulin,médico de Allende, y su fascinante mujer María Teresa Ortiz.

Unos días antes yo había viajado a Cuba atraído por el acontecimiento que suponía la visita del vicario de Cristo al último reducto de la revolución. La verdad que llevaba muchos años esperando la oportunidad de encontrarme frente al creador de Macondo. Desde que publicara Cien años de soledad, Gabriel García Márquez ocupaba el primerlugar, junto a Fidel Castro, en mi lista de entrevistas imposibles. Había llegado a pensar que de todas las entrevistas imposibles, la suya era la más imposible porque, no en vano, él conoce a fondo el periodismo y se ha pasado media vida esquivando sus trampas.

Haremos la entrevista, pero la montaremos los dos me dijo, abrazado a un violinista en la puerta del hotel Cohiba, cuando nosdespedimos. Aquella imagen final de una noche de boleros me recordó otras palabras suyas: "El otro día, entre dos trenes, me refugié de una tormenta de nieve en un bar de Zúrich. Todo estaba en penumbra, un hombre tocaba el piano en la sombra, y los pocos clientes que había eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadiele viera la cara, sólo para que los enamorados se quisieran más".

EL PAPA
NO HUBO entrevista, pero fue una cena inolvidable. Aunque sigo esperando el lugar y el momento (quizás en Cuba, cuando Gabo vuelva el próximo junio para dar un curso de cine de 15 días), la verdad es que no quise vivir la experiencia como un periodista, sino como un simple lector deslumbrado por la cercanía de su...
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