La amiga de mamá

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  • Publicado : 19 de diciembre de 2010
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LA AMIGA DE MAMÁ
La recuerdo bien: Mirna era ese tipo de colegiala que no podía describir a ciencia cierta, pues no se trataba de adolecente que entraba a la pubertad y que llevara consigo la ternura e ingenuidad de la niña que no entiende nada; tampoco era la chica consciente de su cuerpo, de saberse mujer y lo mismo seducir a su compañero de clases que al maestro o inclusive al intrusoprefecto. Así no era ella. Mirna, más bien, era una muchacha de escasos trece años con un andar grácil y cadencioso; con el morral desbordante de libros y desorden, con una piel canela de músculos firmes y torneados; con labios rojos, carnosos, delineados. Su espalda angosta de vértebras prominentes dignas de su cintura milimétrica y de una cadera de ensueño que cargaba unas nalgas redondas, firmes,perfectas. Lo adivinas lector, desde aquellos años se presentaba en mí un tropel de sangre, sudor y deseo de ella. Ahora que soy Don Javier Vallejo Ordóñez, economista, prominente empresario, influyente político, catedrático universitario, pienso que no había nada más hermoso que soñar con ella. A veces besándola en las escaleras de la escuela, otras veces cerca de su casa, y qué decir en mi propiarecámara, bajo mis sábanas.
Te imaginas esas noches lluviosas en que escuchas las gotas estrellarse contra tu ventana y tú estás debajo de las cobijas saboreando los besos salados de tu almohada, creyendo que ésta era el cuerpo de ella, y te agarras y te aferras a esa figura imaginaria como a la vida misma. Afuera, el frío y la humedad. Adentro, el calor y la humedad.
Desgraciadamente, esos sueñoseran interrumpidos abruptamente cuando mi madre me despertaba con el alba. Cuando volví a la realidad, yo sabía que Mirna tarde que temprano se entregaría a mí. El futuro sería muy fácil: nos amaríamos en secreto en mi cuarto, con el pretexto de las tareas, la llevaría a su casa al anochecer y así pasarían los años. Más perfecto aún: ella abandonaría sus estudios una vez terminada la secundaria yesperando que yo obtuviera un título universitario para casarnos. Todo era exacto. Ahora sólo restaba enamorarla, aunque para ello tuviera que leer el “Manual del seductor”. De acuerdo con este texto, el primer paso era mostrar indiferencia; después tendría que hacerle ver que yo era el mejor estudiante, el más guapo y perfecto deportista, lo cual así era; y por último fumaría ante ella parademostrarle mi madurez. Seguí esos tres pasos durante los tres años de la secundaria. Lamentablemente sucedió lo contrario: mi indiferencia era tal que ella podía advertir que yo la observaba en todo momento para ver si en una de esas volteaba a mirarme; el espejo también me traicionarían pues los barros juveniles en la cara eran lo más cercano a los personajes monstruosos de las series televisivas;el cigarro, lejos de hacerme ver maduro, me valió dos suspensiones temporales por faltas al reglamento escolar.
En pocas palabras, había empezado al revés. La desgracia principal consistió en que se fueron imperceptiblemente mis tres años de oportunidad.
Perdí su rastro y al año siguiente ingresé al bachillerato. Sin embargo, y casi al término de la prepa, llegó el milagro en voz de mi madre.-Conocí a una ex compañera tuya en mi curso.
-¿Quién es ella? – pregunté suponiendo que se trataría de cualquier insignificante alumna.
-Mirna-me contestó con una risa cómplice y los ojos brillosos de aquella que lo puede suponer todo.
Así llegó mi ansiada oportunidad. Ahora sólo restaría pedirle a mi madre que la llevara a casa a tomar un café, a ver una película en la televisión, o lo quefuera, siempre y cuando me la pusiera al alcance. Y así fue. A la semana Mirna entró a la casa. Al observarla llegar desde la ventana de mi cuarto, lo primero que vino a mí no fue un suspiro ni tampoco una ilusión; más bien sentí que mi sangre corría más rápido por mi cuerpo como si un enorme ejercito de hormigas ascendieran por cada una de mis venas. La respuesta no se dejó esperar y llegué a...
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