La argentina de los countrys

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"Creo en el progreso y por eso considero que es imprescindible incorporar a la vida política y económica de la Nación a los inmensos sectores hoy marginados por la exclusión social"
MARCELO ACUÑA “El corralito populista, de Perón a los Kirchner”LINDOS, LIMPIOS Y BUENOS

A Silvana y Marcelo

En el verano del ’96 nuestros hijos aún eran demasiado pequeños como para corretear libremente por alguna localidad balnearia. Jeremías acababa de cumplir dos años y Rocío apenas portaba media docena de almanaques. Por eso con mi compañera decidimos alquilar una casaquinta.
Compramos el diario deldomingo y en los clasificados encontramos un aviso que publicitaba una vivienda en La Reja. Llamamos a su dueño y concertamos una entrevista para las 16,00 horas.
Aún no estaba terminada la Autopista del Oeste. Tomamos la vieja avenida Gaona y bajamos unas paradas después de Moreno. Bordeamos el cementerio y al llegar a la ruta siete, cruzamos la barrera y nos dirigimos hacia el dique deCascallares.
Al llegar a la esquina de Nahuel Huapi, doblamos en la calle de tierra hacia la derecha. Poco más de doscientos metros encontramos la quinta de Don Antonio. Su propietario, un italiano del sur, nos esperaba junto a su esposa. La finca se componía de seis terrenos de frente y uno lateral donde su morador había armado una huerta con los mejores tomates que comimos hasta el presente. Lapiscina medía seis por ocho. Tenía una cascada que oxigenaba el agua y se unía a una segunda pileta de seis por cuatro, extremadamente adecuada para la altura que tenían nuestros vivaces pichones.
El inmueble constaba de dos dormitorios, un living comedor, cocina y baño. Poseía dos quinchos, un baño exterior y un garaje cubierto para dos autos, que podía utilizarse para grandes reuniones.
Allí todoera tan simple y acogedor como sus propietarios. No tuvimos dudas. Arrendamos ese vergel desde mediados de diciembre hasta fines de febrero.
Al caer la tarde, unos dos días después de mudarnos, el cielo comenzó a encapotarse y ni bien aparecieron los primeros sapos nos metimos adentro del chalecito de piedras, asustados como si hubiésemos visto extraños seres de otro planeta.
Ese año recibimosun sinnúmero de visitas, aprendí a encender el fuego para los asados y hasta contratamos una profesora de natación que le enseñó a nadar a nuestra hija mayor.
Pasamos un fin de año rodeados de primos y tíos de mi esposa. Estuvieron mi suegra, mis padres, mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos. Incluso festejé mis treinta y cinco años acompañado de amigos y parientes.
Sin duda fue un veranoinolvidable. Pero, como toda efímera belleza, la triste realidad de éste doloroso país hizo de ese extraordinario momento sólo un recuerdo fugaz.
Al año siguiente, el período menemista fue entrando en su ocaso. Gran parte de la población perdió su empleo o vio disminuido sustancialmente sus ingresos y una ola de robos violentos comenzó a azotar a vastos sectores del Gran Buenos Aires.
Mi cónyuge yatenía miedos fundados de volver a alojarse en la quinta del Partido de Moreno. Sin embargo, debido a mis presiones aceptó a regañadientes volver a la morada de Don Antonio. Así fue como volvimos a rentar la vivienda de descanso.
Nada volvió a ser como la primera vez. Los sapos ya no nos provocaban temor alguno. La profesora de natación se había ido a Las Canarias en busca de un futuro máspromisorio. La repentina muerte de mi suegra y el avanzado embarazo de mi mujer imposibilitaron que nos volviéramos a juntar como aquel treinta y uno de diciembre pasado y añorado.
La corriente del niño provocó grandes y continúas lluvias que nos impidieron disfrutar del aire libre. Tampoco pudimos escapar a la ciudad con el auto. El barro que se formaba en las calles de tierra que cercaban el distrito...
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