La barca sin pescador

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La barca sin pescador
Alejandro Casona
[pic]

(1945)

Comedia en tres actos

"En el más remato confín de la China vive un Mandarín inmensamente rico, al que nunca hemos visto y del cual ni siquiera hemos oído hablar. Si pudiéramos heredar su fortuna, y para hacerle morir bastara con apretar un botón sin que nadie lo supiese, ¿quién de nosotros no apretaría ese botón?"

(Chateaubriand."El genio del Cristianismo")

"Después me asaltó una amargura mayor. Empecé a pensar que el Mandarín tendría una numerosa familia que, despojada de la herencia que yo consumía en platos de Sèvres, iría atravesando todos los infiernos tradicionales de la miseria humana los días sin arroz, el cuerpo sin abrigo, la limosna negada…"

(Eça de Queiroz. "El Mandarín") [1]

Personajes

EstelaFrida
La Abuela
Enriqueta
Ricardo Jordán
El Caballero de Negro
Tío Marko
Juan
Banquero
Consejero 1º
Consejero 2°

ACTO PRIMERO

Despacho del financiero Ricardo Jordán. Lujo frío. Sobre la mesa, ticker y teléfonos. En las paredes, mapas económicos con franjas de colores, banderitas agrupadas en los grandes mercados y cintas indicadoras de comunicaciones

Una gran esfera terrestre, detrípode. Reloj de péndulo.

Invierno.

Enriqueta, sentada. Ricardo acude de mal humor al teléfono que llama desde que se levanta el telón. Mientras él habla, ella retoca su maquillaje.

Ricardo.
- ¡Hola! ¿Larga distancia...? Sí, sí, diga... Aquí también: otros cuatro enteros en media hora. Pero le repito que no hay ningún motivo de alarma. No, eso nunca; mis órdenes son terminantes y para todoslos mercados. ¡Pase lo que pase, comprenden! ¡Nada más! ¡Gracias! (Cuelga. Mira el ticker que señala la cotización del momento.)

Enriqueta.
- ¿Siguen las malas noticias?

Ricardo.
- Así parece.

Enriqueta.
- ¿Graves?

Ricardo.
- Peores las he conocido y he sabido capear el temporal. Cuando se ve de dónde viene el golpe es mas fácil evitarlo.

Enriqueta.
- Si te limitaras aevitarlo... Pero te conozco; no eres hombre que se conforme con encajar un golpe sin devolver otro.

Ricardo.—(Ofreciéndole un cigarrillo.)
- Es lo que he hecho siempre. ¿Voy a acobardarme ahora?

Enriqueta.
- No se trata de valor, sino de cifras. ¿Cuánto han subido hoy las acciones de la Canadiense?

Ricardo.
- Catorce enteros más. Los mismos que hemos bajado nosotros.

Enriqueta.
-¿Y hastadónde puedes resistir la baja?

Ricardo.
- No me importa el límite, puesto que se trata de una baja provocada artificialmente. El juego está bien claro: o la Canadiense o yo. Veremos quién ríe el último.

Enriqueta.
- Ellos pueden permitirse el lujo de perder indefinidamente con tal de hundirte. No se trata de una empresa que defienda sus intereses. Es un hombre que te odia. Josué Méndel.Ricardo.
- Josué Méndel... Un aprendiz. Los primeros negocios sucios que hizo en su vida los aprendió conmigo. Yo le enseñaré a respetar a su maestro.

Enriqueta.
- Pero hoy es el gran conductor de la industria y de la banca. Sabe sonreír en los salones; y las mujeres le admiran.

Ricardo.
- Ya veo, ya.

Enriqueta.
- Sin ironías, Ricardo. Es un juego peligroso. Puedes arrastrar a laruina a mucha gente contigo.

Ricardo.
- No puedo perder mi tiempo pensando en los demás. ¿Tienes miedo?

Enriqueta.
- Por ti. Tú eres un apasionado, capaz de poner la vida entera a una carta. El tiene los ojos fríos, camina despacio... y llega siempre adonde quiere ir.

Ricardo.
- Nunca te imaginé tan pesimista. ¿Qué es lo que me aconsejas? ¿Rendirme?

Enriqueta.
- Pactar.

Ricardo.
-¿Con Méndel? Nunca. Él ha querido la guerra, pues tendremos guerra. Y por favor, dejemos esto: no me parece elegante para ti. ¿Por qué no me llamaste anoche?

Enriqueta.
- Después de un día tan agitado supuse que necesitarías descanso. Estuve cenando en el Claridge... con unas amigas.

Ricardo.
-¿No hay teléfono en el Claridge?

Enriqueta.
- No quise despertarte.

Ricardo.
- Qué...
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