La biblia

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Un Examen de Las Enseñanzas Del Catolicismo Romano
Capítulo 1: El Catolicismo Romano y La Biblia Capítulo 2: El Canon de La Escritura Capítulo 3: La Tradición Capítulo 4: El Apóstol Pedro Capítulo 5: La Sucesión Papal Capítulo 6: La Única Verdadera Iglesia Capítulo 7: La Autoridad Temporal Capítulo 8: La Infalibilidad Papal Capítulo 9: El Pecado Capítulo 10: La Justificación Capítulo 11: ElBautismo Capítulo 12: El Purgatorio Capítulo 13: La Confesión y La Absolución Capítulo 14: Las Obras De Supererogación Capítulo 15: Las Indulgencias Capítulo 16: El Rosario Capítulo 17: Los Sacramentos Capítulo 18: La Eucaristía (I) Capítulo 19: La Eucaristía (II) Capítulo 20: El Sacerdote Y El Altar Capítulo 21: El Culto Capítulo 22: La Misa Capítulo 23: La Mariolatría Capítulo 24: La InmaculadaConcepción Capítulo 25: La Virginidad Perpetua Capítulo 26: La Asunción De María Capítulo 27: Las Imágenes Capítulo 28: Las Reliquias Capítulo 29: Los Santos Capítulo 30: Los Ángeles Capítulo 31: Las Formas Del Culto Capítulo 32: Los Milagros Capítulo 33: El Ayuno Capítulo 34: El Celibato

Capítulo 1 EL CATOLICISMO ROMANO Y LA BIBLIA “LA IGLESIA CATOLICO-ROMANA no desea que el común del pueblo leala Biblia.” Esta afirmación ha de ser objetada y negada inmediatamente, y para ello se aducirán citas de papas y otras autoridades eclesiásticas para rechazarla. En la página del título de la versión católicoromana de la Biblia en inglés, con fecha de abril de 1778, aparece, por ejemplo, una carta del Papa Pío VI al Arzobispo de Florencia, en la que urge a los católicos a que lean la Biblia. Diceasí: “En tiempos en que están circulando aun entre personas iletradas con gran destrucción de las almas, muchos libros que atacan descaradamente la religión católica, Ud., juzga muy acertadamente que se debería exhortar a los fieles a leer las Santas Escrituras, porque ellas constituyen la fuente más abundante, que debería estar abierta para todos, para que de ellas saquen pureza de costumbres yde doctrina, y para exterminar los errores que tanto se extienden en estos corrompidos tiempos.” Frente a esta tan hermosa declaración deben colocarse, sin embargo, los hechos históricos tanto antiguos como modernos. El Concilio de Tolón en 1239 prohibió de hecho que los laicos poseyeran alguno de los libros de la Biblia, fuera del salterio y el breviario (este último contiene los rezos que debenhacer los sacerdotes y en ellos hay algunas porciones de la Escritura), y prohibió terminantemente que fueran traducidos a la lengua popular. Trescientos años más tarde fue renovada esta prohibición en el índice de libros prohibidos preparado por orden del Concilio de Trento, que dice: “Habiendo demostrado la experiencia que, si se permite circular indiscriminadamente por todas partes en la lenguadel pueblo los libros sagrados, puede resultar más daño que provecho a causa de la imprudencia de los hombres en este respecto, deben someterse al juicio del obispo o inquisidor, los que permitirán la lectura de estos libros traducidos por autores católicos a la lengua del pueblo a aquellos que juzguen capaces de derivar de su lectura no pérdida, sino aumento en la fe y en la piedad. Esta licenciadebe tenerse por escrito, y si alguno osara leerlos o tenerlos en su poder sin esta licencia no podrá recibir la absolución de su pecado hasta que haya devuelto los libros al ordinario. Los libreros que los hayan vendido o entregado en cualquier otra forma. . . perderán el valor de dichos libros en favor del obispo.” De esta manera, según el decreto del Concilio de Trento, que anatematizó a losque se negaran a reconocer sus decisiones como infalibles, y por consiguiente inmutables, no pueden leer las Escrituras más que aquellas personas que el obispo juzgue idóneas, y esto sólo cuando tengan licencia escrita para ello. En tiempos posteriores el Papa León XII, en una encíclica fechada el 3 de mayo de 1824, escribe: “Vosotros sabéis, venerables hermanos, que cierta sociedad llamada...
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