La cabeza de la hi

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La cabeza de la hidra Carlos Fuentes
(Escaneado por Bustrofedón corregido por Ermanitu)
A la memoria (por estricto orden de desaparición) de Conrad Veidt, Sydney Greenstreet, Peter Loore y Claude Rains. La Renaudière, Margency, verano de 1977. Sobrecubierta Depares & Orti/. Copyright© 1966y 1979.Carlos Fuentes Editorial Argos Vergara, S. A. Aragón, 390, Barcelona-13 (España) ISBN: 84-7017-742-7Depósito Legal: B-28.931 -1979 Impreso en España - Printed in Spain Impreso por Publicaciones Reunidas, S. A. Alfonso XII, s/n. Badalona (Barcelona)

Une tête coupée en fait renaître mille CORNEILLE. duna, iv, 2, 45.

PRIMERA PARTE EL HUÉSPED DE SÍ MISMO
1 A las ocho en punto de la mañana, Félix Maldonado llegó al Sanborns de la Avenida Madero. Llevaba años sin poner un pie dentro delfamoso Palacio de los Azulejos. Pasó de moda, como todo el viejo centro de la ciudad de México, trazado de mano propia por Hernán Cortés sobre las ruinas de la capital azteca. Félix pensó esto cuando empujó las puertas de madera y cristal de la entrada. Dio media vuelta y salió otra vez a la calle. Se sintió culpable. Iba a llegar tarde a la cita. Tenía fama de ser muy puntual. El funcionario máspuntual de toda la burocracia mexicana. Fácil, decían algunos, no hay competencia. Dificilísimo, decía Ruth, la esposa de Félix, lo fácil es dejarse llevar por la corriente en un país gobernado por la ley del menor esfuerzo. Esa mañana Félix no resistió la tentación de perder un par de minutos. Se detuvo en la acera de enfrente y admiró un buen rato el esplendor de la fachada azul y blanca del viejopalacio colonial, los balcones de madera y los remates churriguerescos de la azotea. Cruzó la calle y entró rápidamente al Sanborns. Atravesó el vestíbulo comercial y empujó la puerta de vidrios biselados que conduce al patio con techo de cristales opacos transformado en restaurante. Una de las mesas era ocupada por el doctor Bernstein. Félix Maldonado asistía todas las mañanas a un desayunopolítico. Pretextos para cambiar impresiones, arreglar el mundo, tramar intrigas, conjurar peligros y organizar cábalas. Pequeñas masonerías matutinas que son, sobre todo, origen de la información que de otra manera nunca se sabría. Cuando Félix divisó al doctor leyendo una revista política, se dijo que nadie entendería los artículos y editoriales allí publicados si no era asiduo concurrente a loscentenares de desayunos políticos que cada mañana se celebraban a lo largo de las cadenas de cafeterías de estilo americano Sanborns Wimpys Dennys Vips. Saludó al doctor. Bernstein se incorporó ligeramente y luego dejó caer su corpulencia sobre el raquítico asiento. Dio la mano suave y gorda a Félix y lo interrogó con la mirada mientras se guardaba la revista en la bolsa del saco. Con la otra mano letendió un sobre a Félix y le recordó que mañana tendría lugar la entrega anual de los premios nacionales de ciencias y artes en Palacio. El propio señor Presidente de la República, como rezaba en la invitación, distinguiría a los premiados. Félix felicitó al doctor Bernstein por recibir el premio de economía y le agradeció la invitación. —Por favor no faltes, Félix. —Cómo se le ocurre, profesor.Antes muerto. —No te pido tanto. —No; además de ser su discípulo y amigo, soy funcionario público. Una invitación del señor Presidente nomás no se rechaza. Qué suerte poder darle la mano. —¿Lo conoces? —dijo Bernstein mirándose la piedra clara como el agua que brillaba en el anillo de su dedo de salchicha. —Hace un par de meses asistí a una reunión de trabajo sobre reservas petroleras en Palacio. Elseñor Presidente asistió al final para conocer las conclusiones. —¡Ah, las reservas mexicanas de petróleo! El gran misterio. ¿Por qué te saliste de

Petróleos Mexicanos? —Me cambiaron —respondió Félix—. Hay la idea de que los funcionarios no se anquilosen en los puestos públicos. —Pero tú hiciste toda tu carrera en Pemex, eres un especialista, qué tontería sacrificar tu experiencia. Sabes...
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