La caida

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Para Michael Wincott, el mayor villano de todos los tiempos

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1 El regreso

Matt, mi «hermano», se alegró cuando Rhys y yo aparecimos a las ocho de la mañana en su casa..., pero sólo porque le alivió verme viva y descubrir que no había desaparecido para siempre. Seguía furioso por mi huida, pero me dio la oportunidad de ofrecerle una vaga explicación mientras me contemplaba molesto ydesconcertado. Por suerte sólo tuve que enfrentarme a Matt porque tía Maggie, mi tutora legal, no estaba en casa cuando llegamos. Matt me explicó que me había ido a buscar a Oregón, aunque yo no sabía por qué debía haber imaginado que estaría allí. Me senté con Rhys en el gastado pero elegante sofá de la sala de Matt; nos rodeaban las cajas de objetos todavía sin desempaquetar desde la últimamudanza que habíamos hecho dos meses atrás, cuando llegamos a aquella casa. Matt, por su parte, no dejaba de caminar de un lado a otro frente a nosotros. —Todavía no lo entiendo —dijo. Se detuvo de repente y cruzó los brazos.
7

—No hay nada que entender —insistí, señalando a Rhys—: ¡Él es tu hermano! Resulta muy obvio en cuanto lo ves. Mis ojos eran de color caoba, y mi cabello, rizado y oscuro. Encambio, tanto Matt como Rhys tenían los ojos como zafiros y un cabello rubio rojizo; sus rostros poseían además un aire de sinceridad y la misma tendencia a sonreír. Rhys se quedó pasmado y con los ojos bien abiertos mirando a Matt. Estaba asombrado. —¿Cómo puedes saber eso? —preguntó Matt. —No sé por qué no eres capaz de confiar en mí. —Suspiré y me recosté en el sofá—. ¡Jamás te he mentido!—Pero ¡es que huiste de casa! No sabía dónde estabas y, francamente, ¡eso me parece una comprensible causa de pérdida de confianza! El enfado de Matt no lograba ocultar lo herido que se sentía. Además, su cuerpo mostraba señales del estrés al que había estado sometido. Se le veía demacrado, tenía los ojos rojos y apagados, y daba la impresión de haber perdido unos cinco kilos; seguramente se debió dederrumbar en cuanto me fui. Todo aquello me hacía sentir culpable, pero lo cierto es que no había tenido otra opción. El hecho de que mi madre intentara matarme cuando yo era tan sólo una niña provocó que desde entonces mi hermano se preocupara en exceso por mi seguridad. Su vida giraba alrededor de mí hasta un punto enfermizo: no tenía amigos, empleo ni vida propia. —¡Tuve que huir! ¿De acuerdo?—Me pasé la mano por entre los rizos y negué con la cabeza—. No te lo puedo explicar, pero lo hice para protegernos a ti y a mí. Ni siquiera estoy segura de que deba estar aquí ahora. —¿Protegernos? ¿De quién? ¡¿Dónde has estado?! —preguntó Matt, desesperado y por centésima vez.
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—¡No te lo puedo decir, Matt! Desearía poder hacerlo, pero no puedo. No sabía si era legal o no que le contara algoacerca de los Trylle. Había supuesto que todo era secreto, pero en realidad nadie me había prohibido específicamente que hablara sobre ellos con las personas del exterior. Aunque la verdad era que Matt no me creería de todas formas, por lo que me pareció inútil tratar de explicárselo. —Tú eres mi hermano de verdad —dijo Rhys en voz baja, y luego se inclinó hacia delante para ver mejor a Matt—.Esto es muy extraño. —Sí, sí lo es —asintió Matt. Luego se movió con algo de incomodidad frente a Rhys, quien no dejaba de mirarlo. Después de eso se dirigió a mí. Estaba muy serio—. Wendy, ¿puedo hablar contigo a solas? —Pues claro —dije, al tiempo que me volvía para mirar a Rhys, que entendió el mensaje y se puso de pie. —¿Dónde está el baño? —Por aquel lado, antes de llegar a la cocina —dijo Mattseñalando a la derecha. En cuanto Rhys se fue, Matt se sentó sobre la mesa de centro que estaba frente a mí y habló en voz baja: —Mira, Wendy, no sé qué es lo que está sucediendo. No sé cuánto de lo que me has contado es cierto, pero ese chico me parece muy raro. No lo quiero en mi casa. No sé en qué estabas pensando al traerlo aquí. —Es tu hermano —dije, exasperada—. En serio, Matt, jamás...
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