La carcel

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  • Publicado : 20 de abril de 2010
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La cárcel

Desperté. Todo era sombras, no veía absolutamente nada en ninguna dirección. El suelo donde estaba acostado era duro y frío. Me incorporé lentamente (todavía estaba un poco aturdido y mareado) y cuando me empujé con mis débiles brazos y piernas para sentarme, los dedos entumecidos reconocieron un material escarpado y lleno de cantos filosos. Algunas pequeñas grietas se abrían tambiénen aquel lecho. Tomando coraje me puse de pie y extendí los brazos intentando encontrar alguna pared, algún límite en aquel extraño lugar que me encontraba. Di vueltas sobre mí mismo con los brazos extendidos, ¡nada! no alcancé a tocar ninguna pared, si es que existía alguna. Temiendo encontrarme en algún lugar elevado y sin reparo, me agaché y comencé a avanzar hacia un lado gateandocautelosamente y palpando el suelo antes de seguir ante el temor de caer al vacío si daba un paso incorrecto.
El reconocimiento dio sus frutos y al cabo de unos minutos di contra una pared del mismo material rocoso (eso parecía, una roca dura y fría). Alcé mis manos y sosteniéndome del muro fui poniéndome en pie hasta encontrarme totalmente parado en uno de los extremos de aquel espacio desconocido. Ya mehabía recuperado casi del todo del mareo y el cerebro comenzaba a trabajar mejor. Por un momento pensé en cómo había llegado hasta allí, pero no tenía forma de saberlo. Lo último que recordaba era haber estado caminando por la avenida una tarde soleada. Era primavera, porque los lapachos exhibían sus rosadas flores y las últimas hojas marrones tapizaban el suelo de las anchas veredas. En ciertomomento todo se había desvanecido de golpe y al instante había despertado en aquel escalofriante sitio.
Dejé por un momento aquellas cavilaciones y decidí completar mi exploración. Reflexioné que no era la mejor opción aquella de dar media vuelta y dirigirme al extremo opuesto, no tenía certezas de que existiera uno y además corría el riesgo de no avanzar en línea recta y darme una falsa idea dellugar. Lo mejor sería seguir el muro hacia uno de sus lados y esperar encontrar alguna pared perpendicular. Avancé pegado a la superficie rocosa, un paso a la vez y con el brazo extendido palpando cada centímetro hasta que di contra un nuevo murallón. En ese instante me percaté de que me había faltado poner a prueba un detalle: ¿qué tan alto era aquel lugar? Tomé fuerzas, flexioné las rodillas unpoco y salté con todas mis fuerzas, los dedos tamborilearon en el aire y volví a caer en el duro lecho de aquella prisión. En cierto modo me desalentó no haber encontrado un techo y en otro me dio esperanzas de no estar completamente encerrado, quizás existiera alguna forma de subir por aquellos escarpados muros. El intento estaba fuera de discusión por el momento. A pesar de haber pasado muchotiempo (mucho menos, sin embargo, del que yo pensaba) todavía no salía de aquella oscuridad. Decidí continuar, entonces, por este nuevo muro hacia el otro extremo y de la misma manera en que había alcanzado éste di contra una nueva pared, fría, dura y escarpada como todo lo demás. Ya había encontrado tres límites a aquello que cada vez más sentía como una celda. Mi única esperanza recaía sobre elterritorio inexplorado. Existían varias posibilidades y todas ellas me parecían desalentadoras: la mejor de las opciones sería que no existiera nada y pudiera seguir avanzando (sin embargo, esto no significaría que estuviera libre) y el peor de los casos sería descubrir que existía un precipicio, o bien podría darse el caso más probable de existir un nuevo paredón inexpugnable; o incluso podía existirun muro con alguna abertura, lo que también podría resultar engañoso. Es cierto, mis pensamientos eran un tanto pesimistas, pero la desconfianza era mi mejor medida de precaución en aquel ambiente hostil.
El silencio se hacía ensordecedor y la desesperación por no encontrar una salida aumentaba a cada momento y se hacía insoportable. La quietud y la oscuridad me estaban volviendo loco. Grité...
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