La chaqueta de ejecutiva

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  • Publicado : 25 de marzo de 2010
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LA CHAQUETA DE EJECUTIVA

Por allá, en los años... sí, ésos, yo estudiaba secundaria y comercio en un instituto cuya dueña era viejita estricta y pequeñísima, gafas y cara de templada (ó solterona que es igual), que me adoraba porque yo me encargaba de las lecturas en las misas que celebraban allá de vez en cuando. Se llamaba Emilia Duque Yepes, era pariente lejana de mi padre y precisamentepor deberle algunos favores a él, me recibió allá.

Como en aquélla época apenas comenzaban a verse los primeros secadores de pelo, llamados dizque ´de mano´ eran igualitos a las aspiradoras ´de mano´ también, al estilo del teléfono de los Picapiedra, entonces yo, para alisar mi cabello, usaba un sistema que se llamaba El ROLLO y que consistía en enrollarse el pelo apretadamente sobre la cabeza,con unos ganchos gigantes inventados por el Jefe de Peluqueros de la Inquisición y que todavía vendían entonces, los mismos que entraban hasta la mitad del cerebro; como yo tenía mi pelito muy rebelde, me hacía el rollo todas las noches, dormía con él y salía en las mañanas para el colegio pelilisa, pelilisa... ¡y con huecos mentales causados por los ganchos! Después de cada sesión de´rollo´, yo me rellenaba esos hoyos con plastilina negra...

Luego de clases, me iba para el instituto de Emilita la chiquita, pero algunas veces no tenía tiempo del famoso tratamiento ó me caía algún aguacero que dañaba el tratamiento me enterraba los ganchos aquéllos - en número de 25 más o menos- y me tapaba la cabeza con una pañoleta roja y brillante, decorada con arabescos y que usé como 5.437veces hasta que quedó naranjada y los arabescos, ya hartos, se habían ido hacía tiempo. Yo pensaba que me veía como una modelo de Revista, aunque me ardían aquellos jalones que había soportado toda la noche.

En vista de que era una de las mejores estudiantes que tenía el instituto de Emilita la chiquita, en cierta ocasión ella me recomendó para un trabajo en una fábrica de plásticos que dizquequedaba cerca de Medellín (llegando a Caldas). Yo corrí por supuesto a hacerme ´´el rollo´´, me puse el vestido que había estrenado en Semana Santa y una chaqueta de esas discotequeras de los años 60, a cuadros rojos, verdes y azules, último grito de la moda y propiedad de Lucía, una de mis hermanas mayores, chica YEYÉ (hoy es YAYÁ), que casi no me presta, con toda la razón, porque dicha prendabrillaba en la oscuridad y los colores eran iridiscentes, bordeados en hilos dorados y con bombillitos verdes y rojos de Navidad en los puños y alrededor de los bolsillos, diseño seguramente de alguno de los diseñadores incipientes de esa época y famosos hoy. Cuando en alguna discoteca se iba la luz, la planta propia del establecimiento era reemplazada por la CHAQUETA, porque ella solitailuminaba el lugar y tres cuadras a la redonda. En todo caso, yo me sentía muy segura de que dejaría al Gerente DESLUMBRADO, viendo Luciérnagas.

En vista de que de allá se disimularon y no me mandaron el carro de la Gerencia para recogerme, tuve que recurrir a mi hermano Luis, quien me hizo el inmenso favor de llevarme; él tenía una moderna pero pequeña Motocicleta y, mientras viajábamos por laautopista sur, en medio de un aguacero que nos anunciaba la cercanía vecino Municipio de Caldas y evitando charcos pantanosos, sentimos de repente el aire negro y enrarecido por el humo y ambos nos quejamos de la exagerada contaminación que ya no nos dejaba respirar ni ver por dónde íbamos, además de que mi pelito tan liso y tan sufrido, ¡estaba quedando mojado, pasudo, desastroso! Al pasar juntoal camión que iba delante de nosotros, le aplaudimos y felicitamos sarcásticamente por semejante mugre que nos estaba dejando y lo amenazamos con poner una queja en la oficina del medio ambiente, por el ´´medio ambiente´´ que respirábamos.

En fin, logramos llegar a la fábrica en donde me entrevistarían, 15 minutos tarde, empapados y yo en unos nervios lindos. Luis me dijo que pusiera cara...
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