La ciudad de brasilia

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  • Publicado : 9 de enero de 2012
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Río ya no es la capital del país. La campaña para trasladar la sede del gobierno al interior comenzó en 1596. Pero la idea de fundar una capital como Brasilia fue gestada hace más de un siglo. Concebíase el traslado como una especie de éxodo hacia la tierra de Canaán, acto genial que, como por obra de magia, resolvería todos los problemas del país. Una capital en el interior sería unarepresentación romántica de las largas marchas de banderiantes a través del desierto para llevar la civilización a las regiones más remotas, hasta la lejana frontera occidental, la conversión en realidad del mito de la ciudad de oro donde todos encontrarían riquezas y oportunidades. Contemplada desde un plano más mundano, una capital central ofrecería mejores condiciones de vida, no tentaría con tantasdiversiones a los burócratas y contribuiría al desarrollo de esas vastas y vírgenes regiones que durante tanto tiempo han preocupado al Brasil.
Uno de los primeros caudillos que soñó con una capital así fue José Bonifacio, consejero de Pedro I en la segunda década del siglo XIX. Y hasta es posible que haya inventado el nombre de Brasilia. A mediados del siglo XIX, el historiador brasileño FranciscoAdolfo de Varnhagen propugnó también la fundación de la ciudad capital en un imaginario punto convergente de los principales sistemas fluviales del Brasil: Amazonas, Paraná y São Francisco. Varnhagen situó su fabulosa ciudad en el lugar, más o menos, que hoy ocupa Brasilia. La primera Constitución promulgada por la República en 1891 dispuso el delineamiento de un cuadrilátero en la meseta centralcomo futuro asiento de un distrito federal. Cuando en 1945 concluyó la dictadura de Vargas, una nueva Constitución estipuló el traslado de la capital a una ciudad ubicada, convenientemente, dentro del cuadrilátero de marras, en el estado de Goiás, y ordenó que se formara una comisión para preparar el cambio. Todos los escritores oportunistas y todo candidato a un puesto político ansiosos de lograrpopularidad, llamaron “gruñones” a quienes insistían en aferrarse a la costa y hacer de lado el fértil del corazón del país.Cuando en 1956 Juscelino Kubitschek ascendió al poder, quiso que su período presidencial se distinguiera por alguna obra pública inolvidable. Y una de las primeras cosas que hizo fue anunciar que por fin se construiría la soñada capital. Las dos cámaras legislaturas aprobaron,casi sin objeciones, una ley que hizo factible el proyecto: y el gobierno resolvió edificar la metrópoli en la planicie inhóspita donde ahora se levanta Brasilia. Por supuesto, debe reconocerse que Kubitschek para ser un simple estadista, tenía gustos arquitectónicos de lo más refinados.

Oscar Niemeyer, arquitecto brasileño de prestigio mundial, había sido íntimo amigo suyo y durante muchosaños diseñó, por su cuenta, varios edificios públicos para la nueva capital. Además, ordenó que no se construyera ningún otro edificio antes de que Niemeyer aprobara los planos. El plano urbano, que dio a la ciudad el aspecto de un aeroplano o de un pájaro, fue obra de Lucio costa, decano de los arquitectos brasileños, amigo y ex profesor de Niemeyer.
No había ferrocarriles hasta el lugar asignado ala capital, únicamente caminos de grava. La economía brasileña andaba muy mal, pero Kubitschek, a pesar de todo, emprendió la realización de su plan monumental y puso manos a la obra. Fue menester transportar en avión muchos de los materiales de construcción a un costo exorbitante. No tardaron en aparecer ciudades “satélites”, auténticos hacinamientos de casuchas para obreros inmigrantes. Luegosurgieron múltiples dificultades, pero Kubitschek -optimista, dinámico y entusiasta- rehusó reconocerlas. Y con gran algarabía, el gobierno se instaló en la nueva capital en 1960.Brasilia ha costado al país, según se estima, algo así como mil millones de dólares, y aún no está terminada. Pero a pesar de todo, este enorme gasto de energía y dinero ha empezado ya ejercer en la economía del...
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