La comedia de las equivocaciones. w shakespeare

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COMEDIA DE EQUIVOCACIONES

ACTO PRIMERO
ESCENA PRIMERA
SALA EN EL PALACIO DEL DUQUE EL DUQUE DE EFESO, AEGEON, un ALCAIDE, oficiales y otras gentes del séquito del duque.

ÆGEÓN.-Continuad, Solino; procurad mi pérdida, y con la sentencia de muerte, terminad mis desgracias y mí vida,
DUQUE.-Mercader de Siracusa, cesa de defender tu causa; yo no soy bastante parcial para infringir nuestrasleyes.-La enemistad y la discordia, recientemente exci¬tadas por el ultraje bárbaro que vuestro duque ha hecho á estos mercaderes, honrados compatriotas nuestros, quie¬nes, por falta de oro para rescatar sus vidas, han sellado con su sangre sus rigurosos decretos, excluyen toda pie¬dad de nuestra amenazante actitud; pues desde las quere¬llas intestinas y mortales levantadas entre tus sediciososcompatriotas y los nuestros, se ha sancionado en conse¬jos solemnes, tanto por nosotros como por los siracusanos, no permitir tráfico alguno á las ciudades enemigas nuestras. Además, si un natural de Efeso es visto en los mercados y ferias de Siracusa, ó si un natural de Siracu¬sa viene á la bahía de Efeso, muere, y sus mercaderías son confiscadas á disposición del duque, á menos que le¬vante unacantidad de mil marcos para cumplir la pena y servirle de rescate. Tus géneros, vendidos al más alto pre¬cio, no pueden subir á cien marcos; por consiguiente la ley te condena á morir.
ÆGEÓN.-.--¡Bien? Lo que me consuela es que, al rea¬lizarse vuestras palabras, mis males terminarán con el sol poniente.
DUQUE.-Vamos, siracusano, dinos brevemente por qué has dejado tu ciudad natal y qué motivo teha traí¬do a Efeso.
ÆGEÓN.-.-No podía haberse impuesto tarea más pe¬nosa que la de intimarme a decir males indecibles. Sin embargo, a fin de que el mundo sea testigo de que mi muerte habrá provenido de la naturaleza y no de un cri¬men vergonzoso, diré todo lo que el dolor me permita decir.-Nací en Siracusa y me casé con una mujer que hubiese sido feliz sin mí, y por mí también sin nuestro maldestino. Vivía contento con ella; nuestra fortuna se aumentó por los fructuosos viajes que con frecuencia ha¬cía yo a Epídoro, hasta la muerte de nuestro agente de negocios. Su pérdida, habiendo dejado en abandono el cuidado de grandes bienes, me obligó a sustraerme de los tiernos abrazos de mi esposa. Apenas habían pasado seis meses de ausencia, cuando casi desfallecida bajo la dulce carga quellevan las mujeres, hizo sus preparativos para seguirme, y llegó con prontitud y seguridad a los luga¬res donde me hallaba. Poco tiempo después de su llega¬da hízose la feliz madre de dos hermosos niños; y, lo que hay de extraño, tan parecidos entre sí, que no se podían distinguir sino por sus nombres. A la misma ho¬ra y en la misma hostería, una pobre mujer fue desemba¬razada de una carga semejante,dando al mundo dos ge¬melos varones, igualmente parecidos. Compré estos dos muchachos a sus padres, quienes se encontraban en ex; Crema indigencia, y los crié para servir a mis hijos. Mi mujer, que no estaba poco orgullosa de estos dos niños, me instaba cada día para volver a nuestra patria. Con¬sentí a pesar mío ;ay? demasiado temprano. Nos embar¬camos.-Estábamos a una legua de Epídoro, antes quela mar, siempre dócil a los vientos, nos hubiese amenazado con algún accidente trágico; pero no conservamos mu¬cho tiempo la esperanza. La escasa claridad que nos pres¬taba el cielo no servía sino para mostrar a nuestras almas aterradas, el mandato dudoso de una muerte inmediata. En cuanto a mí, yo la habría abrazado con alegría, si las lágrimas incesantes de mi esposa, que lloraba de an¬temano ladesgracia que veía venir inevitablemente, y los gemidos lastimeros de los dos niños que lloraban por imitación ignorando lo que era de temer, no me hubie¬sen forzado a buscar el modo de retardar el instante fa¬tal para ellos y para mí: y hé aquí cuál fue nuestro re¬curso; no quedaba otro:-Los marineros buscaron su salvación en nuestro bote, y nos abandonaron dejándo¬nos el barco ya a punto de...
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