La cueva de las brujas

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  • Publicado : 24 de marzo de 2011
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En el sur de Bolivia se encuentran muchas leyendas que se asemejan al paisaje, que es grandioso y áspero, lleno de abismos y de rocas.
Hace mucho, muchos años, en las cercanías de Tarija, en un pueblito perdido en las montañas altas, existían unas brujas que se reunían en las cuevas de Salamanca. ¡Oigamos cómo fue posible desterrarlas!
Sentado en un burrito, el joven Juan de Dios se acercaba ala plaza de mercado y a la iglesia, cuyas puertas estaban abiertas porque se acababa de celebrar la misa de la cinco. La gente ya había salido, y el cura párroco, el padre Cabrera, estaba parado en el portón dándole algunas instrucciones al sacristán, porque al día siguiente, que era domingo, pensaba hacer una procesión.
Juan de Dios esperó que el cura se desocupara. Se quitó el gorro de lacabeza, pero no se sentó en la escalera, aunque parecía muy cansado y preocupado.
«¿Qué te pasa, Juan, ¿Quieres hablar conmigo?», le preguntó el cura.
«Si, padre, si tiene tiempo me gustaría hacerle una consulta», le contestó Juan, pero no pudo seguir. Las palabras se le quedaron entre los dientes. « Dime de que se trata a ver si te puedo ayudar», le dijo el cura, quién conocía toda la gente de laparroquia, pues hacía años que vivía entre ellos y con el tiempo había adquirido sabiduría y bondad.
«Reverendo padre, yo no sé qué hacer con mi novia, con Eufrosina. Usted sabe que no íbamos a casar dentro de cuatro semanas, pero ella ha cambiado, ya no quiere verme y no me explica por qué».
Juan había inclinado la cabeza, porque las lágrimas brotaban de sus ojos y estaba avergonzado.«Eufrosina es una muchacha buena, hijo, ella no te abandonará», trató de consolarlo el cura. «Siempre hay disgustos entre los novios, pero eso no quiere decir nada».
«Es que no se trata de eso, padre. Su merced sabe que ella es muy bonita. Muchos han querido conquistarla, pero ella me eligió a mí. Usted recordará que don Deluterio también pensaba hacerla su mujer. Claro que él es el hombre más rico delpueblo, y la mamá de Eufrosina estaba más que contenta, pero a ella le pareció demasiado viejo u demasiado gordo. Además a Eufrosina no le gusta estar metida en la tienda, donde todos se emborrachan».
«Sin embargo», continuó el joven, «Eufrosina ha vuelto últimamente a recibir atenciones de don Deluterio. Dicen que la mamá la convenció de que yo no era buen partido, pues conmigo tendría quetrabajar en los campos y sembrar papa y maíz. Pero yo no creo que esa sea la razón, porque a Eufrosina le gusta el campo y los animales y también le gusta tejer; y, como su merced sabe, tenemos mucha lana y un buen telar, No, no creo que sea eso del trabajo… es que la mamá, por lo menos así dicen, fue a consultar a Urutaura la hechicera, la que vive cerca de la quebrada de Salamanca. Dicen que ella y suscompañeras le hicieron brujerías y que le dieron algo de beber para que me olvidara ¿Su merced cree que por eso Eufrosina me dejó?».
El cura enrojeció y le dijo:
«No me hables de brujas, las brujas no existen y menos en este pueblo. Pero tienes razón; algo raro le pasa a tu novia. Es cierto que Eufrosina anda con la tal Urutaura, con esa mujer que nunca va a misa. Yo mismo las vi la semanapasada. Iban a la tienda de don Deluterio».
Al cura no le gustó el asunto. Estimaba a la familia de Juan, eran campesinos y trabajadores y buenas costumbres. Se iba a interesar por el problema, y así se lo comunicó al muchacho; le prometió ir a la casa de Eufrosina, y le aseguró que todo se iba a arreglar.
El lunes por la tarde, el cura salió en su mula para cumplir lo prometido. Llegó a la casa deEufrosina, se desmontó y observo que la hija y la madre estaban arando su pequeño campo en la pendiente de la montaña.
«Aquí hay mucha pobreza», pensó el cura. «A eso se debe que la madre quiera casar a la hija con el hombre más rico del pueblo».
Eufrosina , al ver al cura, se acercó corriendo.
«Buenas tardes», le dijo el cura. «Pasaba por estos lados y quería saludarlas. ¡Que buena moza...
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