La divina comedia cantos 23, 22 y 22

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La Divina Comedia Dante Alighieri
INFIERNO
CANTO XXIII
Callados, solos y sin compañía caminábamos uno tras del otro, lo mismo que los frailes franciscanos.
Vuelto había a la fábula de Esopo mi pensamiento la presente riña, donde él habló del ratón y la
rana, porque igual que «enseguida» y «al instante», se parecen las dos si se compara el principio y
el fin atentamente.
Y,cual de un pensamiento el otro sale, así nació de aquel otro después, que mi primer espanto
redoblaba.
Yo así pensaba: «Si estos por nosotros quedan burlados con daño y con befa, supongo que estarán
muy resentidos.
Si sobre el mal la ira se acrecienta, ellos vendrán detrás con más crueldad que el can lleva una
liebre con los dientes. » Ya sentía erizados los cabellos por el miedo yatrás atento estaba cuando
dije: «Maestro, si escondite no encuentras enseguida, me amedrentan los Malasgarras: vienen tras
nosotros: tanto los imagino que los siento. » Y él: «Si yo fuese de azogado vidrio, tu imagen exterior
no copiaría tan pronto en mí, cual la de dentro veo; tras mi pensar el tuyo ahora venía, con igual acto
y con la misma cara, que un único consejo hago de entrambos.Si hacia el lado derecho hay una cuesta, para poder bajar a la otra bolsa, huiremos de la caza
imaginada. » Este consejo apenas proferido, los vi venir con las alas extendidas, no muy de lejos,
para capturarnos.
De súbito mi guía me cogió cual la madre que al ruido se despierta y ve cerca de sí la llama
ardiente, que coge al hijo y huye y no se para, teniendo, más que de ella, de élcuidado, aunque tan
sólo vista una camisa.
Y desde lo alto de la dura margen, de espaldas resbaló por la pendiente, que cierra la otra bolsa por
un lado.
No corre por la aceña agua tan rauda, para mover la rueda del molino, cuando más a los palos se
aproxima, cual mi maestro por aquel barranco, sosteniéndome encima de su pecho, como a su hijo, y
no cual compañero.
Y llegaronsus pies al lecho apenas del fondo, cuando aquéllos a la cima sobre nosotros; pero no
temíamos, pues la alta providencia que los quiere hacer ministros de la quinta fosa, poder salir de allí
no les permite.
Allí encontramos a gente pintada que alrededor marchaba a lentos pasos, llorando fatigados y
abatidos.
Tenían capas con capuchas bajas hasta los ojos, hechas del tamaño que sehacen en Cluní para los
monjes: por fuera son de oro y deslumbrantes, mas por dentro de plomo, y tan pesadas que Federico
de paja las puso.
¡Oh eternamente fatigoso manto! Nosotros aún seguimos por la izquierda a su lado, escuchando el
triste lloro; mas cansados aquéllos por el peso, venían tan despacio, que con nuevos compañeros a
cada paso estábamos.
Por lo que dije al guía: «Vesi encuentras a quien de nombre o de hechos se conozca, y los ojos,
andando, mueve entorno. » Uno entonces que oyó mi hablar toscano, de detrás nos gritó: « Parad
los pasos, los que corréis por entre el aire oscuro.
Tal vez tendrás de mí lo que buscabas. » Y el guía se volvió y me dijo: «Espera, y luego anda
conforme con sus pasos. » Me detuve, y vi a dos que una gran ansia mostraban,en el rostro, de ir
conmigo, mas la carga pesaba y el sendero.
Cuando estuvieron cerca, torvamente, me remiraron sin decir palabra; luego a sí se volvieron y
decían: «Ése parece vivo en la garganta; y, si están muertos ¿por qué privilegio van descubiertos de
la gran estola?» Dijéronme: «Oh Toscano, que al colegio de los tristes hipócritas viniste, dinos quién
eres sin tener reparo. »«He nacido y crecido - les repuse- en la gran villa sobre el Arno bello, y con
el cuerpo estoy que siempre tuve.
¿Quién sois vosotros, que tanto os destila el dolor, que así veo por el rostro, y cuál es vuestra pena
que reluce?» «Estas doradas capas -uno dijo- son de plomo, tan gruesas, que los pesos hacen así
chirriar a sus balanzas.
Frailes gozosos fuimos, boloñeses; yo...
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