La divina comedia

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Por mí se llega a la ciudad del dolor eterno,
por mi atraviesan las almas perdidas.
Dios me creó con su poder divino
y nada existió antes de mí.
¡Los que ingresan pierden toda esperanza!

Estaspalabras estaban escritas sobre una puerta y leerlas me estremeció de pavor.

—Te conviene no temer —me dijo mi maestro al ver mi aflicción— y que no se espante tu corazón. Aquí comienza elinfierno y podrás ver a las almas que son eternamente infelices.

Cuando cruzamos la puerta, las tinieblas no permitían reconocer formas pero se oían lamentos, gemidos de dolor y un zumbido constante comode arena arrastrada por un torbellino.

—Maestro, ¿de dónde provienen esos lamentos? —pregunté.

—Así se quejan las almas indiferentes y los ángeles que durante la rebelión de Lucifer no apoyaronni a uno ni a otro bando, Todas esas almas no merecen siquiera estar dentro del infierno sino que padecen en el limbo. No tienen castigo ni misericordia.

Volví a mirar de donde venían los lamentosy distinguí una bandera ondeando que corría a gran velocidad y tras ella una multitud de almas despreciables para Dios, que iban desnudos y procuraban espantar a las avispas que los aguijoneaban. Delas picaduras les saltaba sangre que mezclada con sus lágrimas era recogida a sus pies por inmundos gusanos. Luego miré más lejos y vi a mucha gente a la orilla de un río, muy necesitados de pasar alotro lado.

—Maestro —pregunté— ¿quienes son aquellos? y ¿por qué tienen tanta urgencia de cruzar el río?

—Ese río se llama Aqueronte. Lo demás te lo responderé cuando lleguemos a su orilla.Cuando llegamos ahí, se acercó un viejo de pelo blanco y círculos de fuego en torno a sus ojos que conducía una barca y a las almas con fuertes voces les decía:

—He venido a llevarlos a la otraorilla, pero no esperen nunca ver el cielo, pues los llevaré a donde solo hay fuego y hielo. Y tú, alma viviente —dijo mirándome—, aléjate de aquí, que tu camino es otro y otra barca será la que te...
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