La duquesa de malfi

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Acto Primero, Escena Primera
Malfi.- Salón del palacio de la duquesa.
(Entran ANTONIO y DELIO.)
DELIO: Bien venido a vuestro país, caro Antonio; largo tiempo estuvisteis en Francia, y volvéis hechotodo un francés en el vestido. ¿Os agradó la cortefrancesa?
ANTONIO: La admiro; para reducir tanto a la nobleza comoal pueblo a un orden fijo, aquel prudente rey empieza por sucasa propia; desalojaprimeramente el palacio real de sicofantas aduladores, de gentes infames y disolutas, y a esto suavementelo llama obra maestra de su señor, obra del cielo, considerando,como es justo, que la corte de un príncipe viene a ser una fuente pública de la que debieran manar para todos gotas puras de plata;pero si ocurre que algún maldito acaso la envenena cerca de sunacimiento; muerte y enfermedadesderrama por todo el contorno.¿Y de qué nace este bendecido gobierno sino de un consejo enextremo previsor que se atreve a informarle con libertad de la corrupción del tiempo? Aunque alguien tenga en la corte porpresuntuoso instruir a los príncipes en lo que debieran hacer,noble es la obligación de informarlos acerca de lo que debenprever. Aquí llega Bosola, única hiel de la corte; mas observoque nohay en sus diatribas sincero amor a la piedad; denigra,verdaderamente, aquello que a él le falta; le gustaría ser lujurioso, avaro, altanero, cruel o envidioso como cualquiera, si tuviese medios de serlo. Aquí viene el cardenal.
(Entran el CARDENAL y BOSOLA)
BOSOLA: Sigo siéndoos importuno.
CARDENAL: Ya lo veo.
BOSOLA: Harto bien os serví para que de tal modo medesairéis. ¡Míseros tiempos, enque el bien obrar notiene otro premio que la obra misma!
CARDENAL: Mucho exageras tu mérito.
BOSOLA: Fuí a galeras por serviros; y en ellas, durantedos años, llevé dos toallas, en lugar de camisa, anudadasal hombro, como manto de caballero romano. ¡Desairarme así! ¡Bien voy a medrar! A los mirlos, el mal tiempo los engorda;¿no he de engordar yo en estos días perros?
CARDENAL: ¡Si quisierasvolverte honrado!
BOSOLA: Señáleme vuestra divinidad el camino. A muchosconocí que se fueron a viajar lejos con tal propósito, para volvertan pillos redomados como se habían ido, porque siempre llevabanconsigo la picardía. (Vase el cardenal.) ¿Te vas? Dicen que hayindividuos poseídos por el diablo; pero este gran personaje podíaposeer al mayor de los diablos y volverle peor.
ANTONIO: ¿Te ha negadoalguna súplica?
BOSOLA: Él y su hermano son ciruelos que crecen torcidossobre una charca; ricos son, y están más que cargados defruta, pero no alimentan sino a cuervos, urracas y orugas. Siyo fuese uno de esos alcahuetes que los adulan, me pegaríacomo una sanguijuela a sus orejas, hasta estar ahíto, parasoltarlos luego. Dejadme, por favor. ¿Quién puede confiar ensituación tan miserable con laesperanza de medrar mañana?¿Qué ser tuvo jamás alimento peor que la esperanza de Tántalo?Y nunca murió más terriblemente un hombre que el que estuvo esperando perdón. Se premia al halcón o al perro que nos han servido; pero al soldado que expone los miembros en una batallanadie más le sostiene al fin que una especie de geometría.
DELIO: ¿Geometría?
BOSOLA: ¡Vaya! Verse colgado de una verga ocolumpiarse, para salir de este mundo, en un reverendo par de muletas, dehospital en hospital. Adiós, señor mío, y que no son burlas,porque los puestos de la corte son como camas de hospital: aquél tiene la cabeza donde éste los pies, y así, de arriba abajo. (Vase.)
DELIO: Yo he conocido a éste con siete años de galeras porasesinato probado; y se decía que el cardenal le sobornó;Gastón de Foix, elgeneral francés, le dió suelta cuandorecuperó a Nápoles.
ANTONIO: Lástima que se vea tan abandonado; según mis noticias, vale mucho. Esa torpe melancolía será veneno de toda su bondad; porque os aseguro que si en verdad se dice que un dormir inmoderado es herrumbre interior delalma, la falta subsiguiente de acción engendra todo negromalestar; y cuando éste se levanta, daña como la polilla enla ropa...
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