La educación normalizadora

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LA MÁQUINA CULTURAL. Maestras, traductores y vanguardistas. Beatriz Sarlo

Capítulo III – La noche de las cámaras despiertas

THE MAKING: RECONSTRUCCIÓN A VARIAS VOCES “Fue como un sinfín. Después de que se tiró la primera bola y se empezó a filmar no se paró más: se filma, se revela, se compagina. No dormimos en tres días. Se trató de hacer y se hizo. No importaba que las películas sepasaran diez veces y se destruyeran.”
JORGE VALENCIA

“Me preguntaron si me sentía capaz de inventar una historia que filmaría esa misma noche.”
ALBERTO YACCELINI

“Filmé media hora, sin ensayos, lógicamente, porque la actriz tenía que ir a la improvisación,; luego edité quince minutos, porque en realidad sólo había que hacer dos pegaduras, o algunas más porque la parte de las fotos pornográficastenía más montaje, pero en media hora habremos terminado.”
DODI SCHEUER

Lo que voy a contar parece realmente muy extraño, Sin embargo sucedió. En una noche y una mañana, veinte personas vinculadas con el cine, produjeron, filmaron y compaginaron, seis, siete u ocho cortos en 16 mm. Al día siguiente, los llevaron a Santa Fe y los proyectaron en un acto político. Todo terminó en una batallacampal provocada por un malentendido gigantesco. Era el año 1970, noviembre de 1970. Alberto Fischerman tenía una productora de cine publicitario, Top Level, donde trabajaban algunos de los jóvenes que protagonizaron esta historia. Carlos Sorín era asistente de dirección en tránsito a director de fotografía; Miguel Bejo, asistente, y Cacho Giordano, jefe de producción. Rafael Filippelli y Luis Zangertenían otra productora de cine publicitario, a pocas cuadras de la de Fischerman. Todos eran amigos. Carlos Sorín también fotografiaba los cortos publicitarios dirigidos por Filippelli y Zanger. Julio Ludueña y Dodi Scheuer se juntaban varias veces por semana con los integrantes de esas dos productoras; todos trabajaban en publicidad, todos andaban con una cámara encima y, eventualmente, disponíande película. Los lugares de reunión eran la oficina de Fischerman, en Maipú al 800, el bar “La bola loca”, en Maipú entre Paraguay y Charcas, y la oficina de Filippelli, en Córdoba y Reconquista. Sobre estas calles y bares había regido el padre de las vanguardias sofisticadas de los años sesenta: el Instituto Di Tella, frecuentado por una izquierda, criticado por otra,

aborrecido por Onganíay sus fuerzas de seguridad.

Algunos recuerdan que, en un clima de camaradería entre gente bastante joven (los mayores tenían entonces treinta y dos años y los menores veinticuatro), se había establecido una especie de grupo informal de trabajo cinematográfico o por lo menos un espacio para la discusión de proyectos. Fischerman ya había estrenado The Players versus Angeles Caídos, un film que lopuso en el centro de la vanguardia cinematográfica local. La vanguardia, por otra parte, era la marca estética del grupo: todos admiraban a Godard, a Casavettes, al New American Cinema; todos eran más o menos amigos de Alberto Ure, el director que más lejos había llegado en la experimentación con actores; muchos se psicoanalizaban en la clínica de Fontana, el lugar chic donde dirigentes políticosde la nueva izquierda, intelectuales y artistas, realizaron las primeras experiencias argentinas con alucinógenos. A dos miembros de ese grupo, Fischerman y Filippelli, recurrieron los integrantes del Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral. Un miércoles de noviembre, llegó a Buenos Aires Raúl Beceyro, profesor de crítica e historia del cine y reciente graduado delInstituto de Santa Fe, para comprometer colaboraciones porteñas en un gran acto público contra la censura de proyectos y el cierre con los que la Universidad del Litoral tenía amenazado al Instituto. Se trataba de una asambleacongreso en Santa Fe, que luego se llamó Primer Encuentro Nacional de Cine. Beceyro sólo aspiraba a que se hiciera presente una delegación de Buenos Aires. La Cuestión traía...
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