La filosofia en la arquitectura

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Filosofía de la Arquitectura José Mª Bellido Morillas Universidad de Granada (Ver el siguiente documento como apoyo a la comunicación: “Ironía del destino”) Ante el título, el lector habrá podido pensar que nos dedicaremos a hablar del número áureo, de las utopías geométricas de fra Luca Pacioli, Piero della Francesca o Leonardo, sustentadas en el aire, como la Casa de Loreto, o de las fantasíasde Dalí. Si la filosofía se corresponde hoy con «sistemas generales de interpretación del mundo y conducta del hombre» (Rodríguez Adrados, 1992: 1), debemos prevenir a quien nos escuche de que, por esta vez, no nos ocuparemos en nuestra Filosofía de la Arquitectura del mundo tanto como del hombre. Presentamos, pues, una ética de la arquitectura. El flamante Benedicto XVI escribió en su Deuscaritas est (II, §26): «A saeculo XIX adversus caritatis Ecclesiae opera obiectio efferbuit, quae insistenter dein evoluta est praesertim praeceptis marxistis innixa. Pauperes dicebantur operibus caritatis non egere, sed contra iustitia». Pero es una verdad incontestable, y una paradoja, si se quiere, que la justicia sola no basta. Y, bien lo dictamina el «iam tritum sermone proverbium», como lo llamaCicerón en De officiis, I, 10, 33: «summum ius, summa iniuria». Para Benedicto XVI (II, §28b), «Amor –caritas– semper necessarius erit, in societate etiam admodum iusta. Nulla habetur iusta ordinatio civilis quae superfluum reddere possit ministerium amoris. Si quis de amore vult se subtrahere, prolabitur ad se ab homine velut homine eximendum. Semper dolor aderit in eo qui solacio indiget etauxilio. Semper aderit solitudo. Semper aderunt quoque condiciones materialis necessitatis, in quibus opus erit auxilium ferre intuitu veri erga proximum amoris. Civitas quae omnibus providere vult, quae omnia in se amplectitur, efficitur denique burocratica instantia quae praestare nequit necessarium illud quo homo patiens –omnis homo– indiget: nempe benevola personali deditione». Paradójico estambién el uso de la consigna «We want work, not charity» en los murales de Diego Rivera: no tanto por la paradoja de hacer una exaltación del marxismo en la fachada del Rockefeller Center (paradoja que la sociedad capitalista no quiso sufrir, destruyendo esta obra un año después de su finalización), como por la contradicción absoluta que se da entre Arte y negación de la caridad. De hecho, los muralesde Diego Rivera en la Universidad Autónoma de México no son otra cosa que un acto de caridad que no se relaciona con la justicia funcional del edificio, mero contenedor de aulas y

libros. La obra de Rivera son un suplemento innecesario, pero sin el cual la facultad sería invivible. Y si se objeta su función formativa e ideológica (se puede seguir la didáctica de La Città del Sole de Campanellay pintar en los muros de una ciudad la tabla de multiplicar o alegorías sobre la lucha de clases y figuraciones de la plusvalía) no se hará otra cosa que demostrar que son un plagio de las obras de la caridad cristiana, para la que los edificios no son sólo cubículos para desarrollar funciones concretas (rezar, bautizar), sino que comprenden todo un complejo vital y estético que va más allá de lafunción y que el individuo, el ciudadano, necesita. No se puede obtener el favor de las masas (la última manifestación del triunfo político, si se rechaza el dogma «oderint dum metuant», cfr. Cic. De officiis, I, 28, 97) sin atender a esta necesidad. Juliano el Apóstata, recuerda el Papa Ratzinger, «In quadam sua epistula scripsit hoc unum christianae religionis, quod eius permovit animum,exercitium fuisse caritatis in Ecclesia. Fuit ergo significans aspectus erga novum eius paganum cultum quo actioni caritatis Ecclesiae parem admovit operam suae religionis. “Galilaei” –ita ipse asserebat– hoc modo suam popularem consecuti erant auram. Illi itaque non tantum imitandi, immo etiam superandi erant. Hoc igitur pacto confessus imperator est caritatem veluti decretoriam notam christianae...
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