La hija del castigo.

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La Hija del Castigo.
L´enfant de la Punition; Paul Féval (1816-1887)

En 1810, vivía en Saint-Maló una joven de diecisiete años, cuyo verdadero nombre era Margarita Breuilh. Era hija de Jacques Breuilh, el calafatero, que habiéndose quedado sin trabajo en las canteras del puerto se hizo contrabandista. Esta es la primera página que yo publiqué, hace cuarenta años. La entrego a manera decuriosidad y para demostrar que comencé creyendo algo que me perdió.

Margarita era bella. Aquellos que la veían y no conocían su historia, se paraban para mirarla andar a lo largo del agua. Siempre estaba vestida pobremente. Su vestido de tela ordinaria ajustado a la cintura con la ayuda de un trozo de cuerda, le caía tan bien como a otras muchachas la muselina o la seda; sus largos cabellos rubioscaían desordenados sobre su espalda, y tenían un reflejo de oro bruñido. Ella iba, alegre y graciosa, rozando ligeramente con sus pies la arena de la playa. Cuando se sentía observada, sus grandes ojos azules, limpios y dulces, no bajaban ante la mirada del otro. Una sonrisa melancólica asomaba a sus labios. Y se ponía a cantar con voz triste, tan triste que el que la escuchaba, lloraba. Mi madreme dijo: yo lloré.

Su canto era extraño. Sus palabras, indiferentes. Era una de esas canciones que entonaban las mujeres de los marineros mientras los esperan junto a las orillas del mar que resuena, se eleva y se confunde con la línea azul sombría del cielo de Bretaña. Es quizás un cántico desconocido, una plegaria. Pero de a poco, su voz se extendía, las palabras llegaban claras, secomprendían. La emoción apretaba el corazón del oyente; el enternecimiento dejaba lugar al horror. Y obligaba a alejarse. Esto cantaba Margarita, que estaba loca:

...Sangre, sangre, mucha ¡sangre! A torrentes beberemos de la máquina. Saciémonos al pie de la guillotina. ¡Sangre, sangre, mucha sangre!

Y mientras cantaba el horrible estribillo que la loca había aprendido durante el Terror, alrededor deltablado levantado junto a la guillotina, la mirada azul de Margarita se elevaba dulce y pura hacia el cielo. Su frente era de tal dulzura como la de los ángeles. Su voz melodiosa y penetrante, plena de vibraciones y de encanto. El contraste entre su voz y la canción erizaba la piel. Mientras era de día ella corría por la playa. Las tempestades no la asustaban. Se la veía incluso hasta en latormenta, trepar, ágil como un pájaro, a lo largo de los flancos escarpados del Fuerte del Emperador. Se colgaba de cualquier saliente; el huracán la mecía; la cresta espumante y furiosa de las olas lamía los blancos pies; alrededor de ella las gaviotas se balanceaban suspendidas en sus largas alas, y lanzaban sus gritos quejumbrosos y ásperos, a los que respondía la pobre joven con su eterno refrán. Elmar subía. Entonces ella ganaba la cumbre aguda de las rocas. Ahí se sentaba; la cabeza apoyada en sus manos. El viento desordenaba su cabello, que le tapaba la cara. Desde lejos parecía una estatua, erigida sobre un pedestal gigante.

Por la noche no volvía a la ciudad. ¿Dónde pasaba la noche? Nadie lo sabía. Es necesario contar la lúgubre historia de su nacimiento. En 1793, después queCarpentier diezmó legalmente la población de Saint-Maló, Jacques Breulih era un joven obrero portuario, fuerte y honesto. Abundaba el trabajo después de la desocupación que trajo el Terror. Breuilh se ganaba fácilmente la vida. Tenía una mujer bella que lo amaba. Era feliz. El viento de las doctrinas revolucionarias había pasado y como en todas partes había trastocado muchas cabezas, Breuilh, sin saberpor qué, tendía a odiar mortalmente a los aristócratas, aunque había vivido de sus beneficencias y sobre todo a los sacerdotes; a uno de ellos en especial debía su buena suerte, a un buen eclesiástico que le había tendido una mano caritativa en su juventud. No quería recordar en absoluto que el abate Saulnier, cura de Saint-Sauveur, había sido como un padre para él. Era un sacerdote y los...
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