La historia interminable

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  • Publicado : 26 de octubre de 2010
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La Historia Interminable

Michael Ende

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Índice

Prologo 5
Fantasía En Peligro 15
E1 Llamamiento De Atreyu 25
La Vetusta Morla 36
Ygrámul El Múltiple 47
Los Dos Colonos 55
Las Tres Puertas Mágicas 63
La Voz Del Silencio 74
En El País De La Gentuza 85
La Ciudad De Los Espectros 95
El Vuelo A La Torre De Marfil107
La Emperatriz Infantil 116
El Viejo De La Montaña Errante 126
Perelín, La Selva Nocturna 136
Goab, El Desierto De Colores 146
Graógraman, La Muerte Multicolor 155
Amarganz, La Ciudad De Plata 163
Un Dragón Para Hynreck El Héroe 175
Los Ayayai 190
Compañeros De Viaje 201
La Mano Vidente 211
El Monasterio De Las Estrellas 225
La BatallaDe La Torre De Marfil 238
La Ciudad De Los Antiguos Emperadores 253
Doña Aiuola 267
La Mina De Las Imágenes 280
Las Aguas De La Vida 290

Prologo

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Esta era la inscripción que había en la puerta de cristal de una tiendecita, pero naturalmente sólo se veía así cuando se miraba a la calle, a través del cristal, desde el interior en penumbra.

Fuera hacía una mañanafría y gris de noviembre, y llovía a cántaros. Las gotas correteaban por el cristal y sobre las adornadas letras. Lo único que podía verse por la puerta era una pared manchada de lluvia, al otro lado de la calle. La puerta se abrió de pronto con tal violencia que un pequeño racimo de campanillas de latón que colgaba sobre ella, asustado, se puso a repiquetear, sin poder tranquilizarse en un buenrato.

El causante del alboroto era un muchacho pequeño y francamente gordo, de unos diez u once años. Su pelo, castaño oscuro, le caía chorreando sobre la cara, tenía el abrigo empapado de lluvia y, colgada de una correa, llevaba a la espalda una cartera de colegial. Estaba un poco pálido y sin aliento pero, en contraste con la prisa que acababa de darse, se quedó en la puerta abierta comoclavado en el suelo.

Ante él tenía una habitación larga y estrecha, que se perdía al fondo en penumbra. En las paredes había estantes que llegaban hasta el techo, abarrotados de libros de todo tipo y tamaño. En el suelo se apilaban montones de mamotretos y en algunas mesitas había montañas de libros más pequeños, encuadernados en cuero, cuyos cantos brillaban como el oro. Detrás de una pared delibros tan alta como un hombre, que se alzaba al otro extremo de la habitación, se veía el resplandor de una lámpara. De esa zona iluminada se elevaba de vez en cuando un anillo de humo, que iba aumentando de tamaño y se desvanecía luego más arriba, en la oscuridad. Era como esas señales con que los indios se comunican noticias de colina en colina. Evidentemente, allí había alguien y, en efecto, elmuchacho oyó una voz bastante brusca que, desde detrás de la pared de libros, decía:

-Quédese pasmado dentro o fuera, pero cierre la puerta. Hay corriente.

El muchacho obedeció, cerrando con suavidad la puerta. Luego se acercó a la pared de libros y miró con precaución al otro lado. Allí estaba sentado, en un sillón de orejas de
cuero desgastado, un hombre grueso y rechoncho. Llevaba un trajenegro arrugado, que parecía muy usado y como polvoriento. Un chaleco floreado le sujetaba el vientre. El hombre era calvo y sólo por encima de las orejas le brotaban mechones de pelos blancos. Tenía una cara roja que recordaba la de un buldog de esos que muerden. Sobre las narices, llenas de bultos, llevaba unas gafas pequeñas y doradas, y fumaba en una pipa curva, que le colgaba de la comisura delos labios torciéndole toda la boca. Sobre las rodillas tenía un libro en el que, evidentemente, había estado leyendo, porque al cerrarlo había dejado entre sus páginas el gordo dedo índice de la mano izquierda... como señal de lectura, por decirlo así.

El hombre se quitó las gafas con la mano derecha, contempló al muchacho pequeño y gordo que estaba ante él chorreando, frunciendo al hacerlo...
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