La iglesia y el monopolio de lo escrito leer

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  • Publicado : 6 de diciembre de 2010
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LA IGLESIA Y EL MONOPOLIO DE LO ESCRITO
En el siglo XVI, después de la Reforma protestante, la Iglesia Católica confirmó en el Concilio de Trento (1565) la condena de los no creyentes al declarar: “No hay salvación fuera de la Iglesia”. El que no cree, piensa y actúa como yo pasará su eternidad en el Infierno.
 
No fue hasta el siglo XX cuando el Concilio Vaticano Segundo sacó del infierno alresto de la humanidad, el 75%, al declarar la posibilidad de salvación en cualquier credo; pero en el siglo XXI Benedicto XVI vuelve a esgrimir su dedo acusador contra los infieles y a sumir en las profundidades del averno a todo no católico. Una vez más: no hay salvación fuera de la Iglesia.
 
Junto a esta intolerante postura tenemos otras ideas medievales del Sumo Pontífice que significan unviaje de mil años al pasado: la misa en Latín y otra de sus mas funestas declaraciones: El infierno existe, es real y es eterno.
 
Durante mil años el europeo vivió aterrorizado por el infierno y por consecuencia en absoluta obediencia sometida al Papa. El infierno y la exclusividad sobre el perdón fueron ante todo un poder político. El control a través del miedo; se hizo en el Medioevo.
 
Todoesto comenzó desde los inicios de la edad media, tras la caída misma de Roma en una Europa bárbara y segmentada donde el Obispo de Roma constituía el único poder central. El cristianismo imperial y político de la edad media se confrontó con una realidad con pros y contras; el pueblo europeo, mezcla de romanos y bárbaros, era profundamente creyente y religioso, lo malo es que no necesariamente muycristiano. Creían en toda suerte de amuletos, sortilegios, supersticiones y nigromancias, pero bastante personales y que no requerían de la intervención de una Iglesia central. Situación que había que corregir.
 
En los despojos del Imperio Romano, escindido por guerras y bárbaros, ante el vacío de poder, el Obispo de Roma y su estructura intentaban ocupar el lugar más alto; reyes y emperadoresse cristianizaban y contribuían a la causa, pero era necesario ejercer la autoridad y someter, controlar y manipular al pueblo.
 
Desde entonces hasta hoy la Iglesia prohíbe la magia, la adivinación, supersticiones y amuletos, horóscopos y augures por considerarlos cosa del demonio, un atentado al libre albedrío, precioso don de Nuestro Señor, o un intento de escrutar los inescrutablesdesignios de Dios; en realidad, sólo era controlar la religiosidad popular, atascada de paganismo y sustituirla por una fe centralizada, ortodoxa y desde luego, controlada.
 
El hombre medieval creía en la magia. Magia y religión tienen similitudes y diferencias; ambas parten de la creencia en fuerzas superiores, impersonales en la primera, personalísimas en la segunda; es decir, en la magia, elindividuo se basta a si mismo o con los servicios de un buen agorero o brujo; en la religión se requiere necesariamente de la estructura proporcionada por la Santa Madre Iglesia. Una mera cuestión de poder lleva a prohibir una cosa como demoníaca y exaltar la otra como regalo celestial.
 
Era imposible terminar de tajo con las supersticiones y creencias populares, por ello el cristianismo simplementelas adaptó y las puso bajo mandato de la estructura; es decir, al final si se vale que haya magia, pero sólo si ellos tienen el monopolio de lo inexplicable. Se ataca la idolatría pagana pero se promueven los santos y las vírgenes. Se considera absurdo pedir una bondad a algún espíritu pero no al santito de la comunidad, otrora dios pagano cambiado de nombre.
 
Fue entonces y allá como es ahora yacá. No debemos enterrar un cuchillo para alejar la lluvia pero si se lo podemos pedir a San Isidro Labrador, quien quita el agua y pone el sol; no debemos adorar a la Santa Muerte pero si a un pedazo de tela en el Tepeyac (pintado por Marcos Cipactli en el siglo XVI y sustituido en el siglo XIX), no debemos ser idólatras pero venden estampitas de todo tipo en las iglesias; la superstición es...
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