La iglesia

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William Kelly


La Iglesia de Dios




PRIMERA CONFERENCIA
(Efesios 4)
UN CUERPO

Introducción

El tema acerca del que quiero tratar esta noche, con la ayuda del Señor, es el del un cuerpo, el cuerpo de Cristo;y además no solo como una gran doctrina que el Espíritu Santo ha expuesto con la máxima claridad, y a través de una parte considerable del Nuevo Testamento, sino también, hasta allí donde pueda hacerlo en poco espacio, deduciendo algunas de sus consecuencias prácticas, y mostrando sus implicaciones acerca de la comunión y de la conducta de cada uno de sus miembros, esto es, de cada cristiano.Pero, a fin de poder esclarecer las especiales características del cuerpo de Cristo, será necesario explicar cómo difiere de lo que Dios reveló o instituyó en pasadas dispensaciones; porque existen distinciones, e incluso contrastes, entre los tratos de Dios en el pasado y lo que Él está llevando ahora a cabo para la honra de Su amado Hijo. En tanto que, naturalmente, siempre ha habido un solo Diosverdadero, que ha tenido en las edades del pasado a aquellos que Él ha amado sobre la tierra; en tanto que siempre ha obrado por Su Espíritu; en tanto que necesariamente había fe en acción a fin de que hubiera bendición para las almas, sin embargo existen diferencias esenciales, y profundamente importantes, que nadie puede pasar por alto sin perjuicio para sí mismo, sin debilitar de cierto sutestimonio a otros y, sobre todo, sin que pierda de vista la justa medida de lo que Dios mismo tiene en lo más profundo de Su corazón: Su propia gloria en Cristo.

El protoevangelio y la promesa

Si acudimos al Antiguo Testamento, queda perfectamente evidente que, cuando el hombre cayó en pecado, Dios dio ciertas revelaciones de bendición, todas las cuales encuentran su centro en el Señor Jesús.Vemos esto desde el mismo principio de Génesis. Cuando el pecado entró, no solamente siguió el justo gobierno de Dios, sino también, de inmediato, la gracia. Dios estaba allí; y, en presencia de la culpable pareja, y en desafío a la serpiente, la misericordia de Dios habló acerca de aquella Persona Bendita misma de la que vamos a oír glorias adicionales y más profundas. A su debido tiempo Diossacó a luz, de una manera distintiva y personal, bendiciones en relación con Abraham y su simiente. Aquí tenemos el ámbito de la promesa —no solo una revelación de misericordia, sino una promesa evidente— a una persona en concreto y a su simiente. Éste no había sido el caso en el huerto del Edén. El hombre había caído allí; y es evidente que el hombre caído no podía ser, en absoluto, el objeto de lapromesa de Dios. Hay promesas respecto a él. Pero no podía haber una promesa a él. Cuando Abraham recibió la promesa, no era meramente un hombre caído, sino un creyente. Fue a él como a un elegido, llamado y fiel, a quien Dios hizo depositario de la promesa. Pero fue cuando Adán cayó, antes que hubiera nada de la operación de la gracia divina en él, fue cuando él y Eva se habían separadocompletamente de Dios, que la misericordia, sin contemplar para nada la condición ni el mérito de ellos, extendió una revelación de gracia en la persona de Cristo. La Simiente de la mujer fue presentada más en particular como el destructor de aquel que había provocado este mal profundo y, hasta allí adonde llegaba, irreparable —irreparable para la criatura, pero constituyendo solamente la ocasión para...
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