La imprudencia-cuento corto

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LA IMPRUDENCIA
Cuando el joven salió del cuarto dando un portazo, Manuel supo que era el fin.
Hace diez años habría salido corriendo detrás de Roberto, a seducirlo con sus bromas, a encantarlo conpromesas. Ahora el cuerpo mustio, cansado no le permitía moverse de su silla de cuero y metal.
Sentado, los recuerdos se agolpaban en su cerebro. Las imágenes se sucedían con dolorosa nitidez: veíaal niño hermoso, con sus pantalones cortos, su pelito ensortijado, esos ojos grandes y curiosos con los que se comía el mundo, entró corriendo a enseñarle su primer dibujo en la escuela, un logro, elprimer regalo para su padre.
Mal momento. Manuel no estaba para distracciones; era viernes, día de tragos y naipes con los amigos. Roberto recibió carajazos de su padre entre las risas burlonas delos demás. Que si el caballo parecía un camello, los limones sandías y los ositos, ¡maricos! Todos en la casa lo sabían, los viernes tarde nadie molestaba a papá en su estudio.
Manuel hoy, postrado,reducido a una carcasa de pieles sueltas y huesos quebradizos, no podía como en otros tiempos, distraer su mente en un exhaustivo juego de tenis, en compromisos sociales o amoríos furtivos.
Laquietud de su cuerpo exacerbaba la memoria: nunca cumplió una promesa a su hijo, nunca mantuvo un diálogo con él, nunca lo ayudó con la tarea… para eso estaba la madre. A él le correspondía absorber lavida, agotarla, rematarla; como si su juventud, gallardía y don de gentes se fueran a eternizar por todos los tiempos. Allá la suerte de los suyos, total… bastante hacía con mantenerlos. Ellos… siempreexpectantes, sonrientes, siempre perdonando al padre ausente.
Era el fin. Manuel lo sabía. Ya había vivido la escena con su mujer y su hija, ambas salieron de su vida para no volver. En ese entoncestodavía la vida le revoloteaba por dentro, el dolor se apaciguaba con los pocos amigos que le quedaban y un tanto de licor.
Hoy, solamente quedaba su hijo para romper el hastío de los días sin fin,...
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