La luna era mi tierra

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Capítulo 1
Sentado frente a mi escritorio de roble americano, adquirido al crédito en una casa de remates, he tomado mi pluma y pienso hacer en un cuaderno anotaciones esquemáticas de "La Sucesión por Causa de Muerte ", texto que me ha facilitado un amigo. El cuaderno es nuevo. Sus cien páginas vírgenes podrán contener un resumen completo de esta materia jurídica. Pienso en la muerte.Yo moriré algún día. Me duele pensarlo, porque quisiera vivir muchos siglos, eternamente, junto a mi mujer, mis cinco hijos, mis libros, mis ensueños. Aún recuerdo que el profesor de Derecho Civil dijo que esta materia era de las más importantes. Sí, me parece muy útil para los hombres que pueden dejar algo después de morir. Para mí, en cambio, carece de interés personal. Llevo pasada tal vez lamitad de mi existencia y me bato a la defensiva. ¿Podré dejar algún bien patrimonial a mis hijos? Lo dudo. En pleno vigor físico y mental, no soy capaz de ganar dinero suficiente para atender a las necesidades primordiales de mi familia. Cuando esté viejo no podré alimentarme ni yo mismo. Una vez muerto sólo nutriré gusanos. ¿Qué será, entonces, de Carmen y sus hijos? Debí obtener el título deabogado hace diez años; pero abandoné los estudios para dedicarme a otras cosas. Después de muchas desilusiones económicas, algunos parientes me inculcaron, a fuerza de repetición, "que nunca es tarde", que "el título de abogado sirve mucho", y otras cosas semejantes. Mi situación era entonces, como ahora, tan miserable, que el título de abogado me pareció una tabla de salvación. Si, debo seguirestudiando firmemente. Me suenan en los oídos los sabios consejos de mi tío Eduardo: "Puede el que cree que puede". "Franklin estudió a la lumbre del horno panadero de su padre." Yo, en cambio, tengo en mi escritorio una ampolleta de 50 bujías. ¡Pobre Franklin! Le compadezco sinceramente.
Golpean a mi puerta. — ¡Adelante! Es Juana, la empleada "de mano". Tiemblo. Para nada bueno me ha denecesitar. — ¡Señor! exclama— dice el hombre de la luz que si no paga "al tiro" las dos cuentas atrasadas, va a cortar la corriente. Medito un instante y respondo: —Que la corte. Tráigame una vela.

Miro la ampolleta radiante y comprendo que no es luminosa perspectiva la de estudiar, a la luz de una vela y sin un centavo en el bolsillo, "La Sucesión por Causa de Muerte"'. Ya se ha cortadola corriente eléctrica. La parpadeante luz de una hedionda vela ensombrece los rincones del cuarto y el ámbito de mi espíritu.

Me asaltan dudas de si me alcanzará la vida para recibir el título de abogado. En caso afirmativo, ¿me ayudará a salir del pantano económico en que me hundo por momentos? Las inmaculadas páginas del cuaderno parecen gozosas por conservar su virginidad amenazada.En este aspecto, ¡qué distintas son ellas de mi tía Julia, quien desearía el advenimiento de una catástrofe de cualquier naturaleza o magnitud, así fuera el Juicio Final, siempre que de ello derivara el término de su virginidad! Nuevos golpes en mi puerta. — ¡Adelante! Aparece la cabecita de Carmen, la mayor de mis hijos. Tiene siete años. —Oye, papá, se apagó la luz. El rostro de mi hija,en la penumbrosa lumbre del cuarto, por las sombras profundas que causan las sinuosidades de sus facciones, se demacra y semeja al de una anciana pequeñita. Al mirarla tengo que reprimir un grito de espanto. La he visto por un instante proyectada en el futuro. Ella vuelve a interrogarme: — ¿Por qué se apagó? No quiero decirle la triste verdad. —Las luces se apagan solas algunas veces. — ¿Porqué? —Linda, ve a preguntarle a tu mamá, porque yo debo estudiar. Y Carmen se ha ido con la duda. Después llegan, en oleadas sucesivas, los demás niños a preguntarme por qué se apagó la luz y " La Sucesión por Causa de Muerte " permanece muda en el texto. La llamita, agitada por mi aliento, se contonea voluptuosa y se mira reflejada, como en la superficie de un lago, en el círculo brillante de...
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