La mañana

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  • Publicado : 7 de noviembre de 2011
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La mañana

Me levanté por la mañana mientras los escasos rayos de luz que se colaban por la ventana rociaban mi aún soñoliento rostro.
Era un amanecer cálido, que abrazaba las sombras de mi casa,mi cuerpo se movía entre ellas y se desplazaba por las escalera de mármol que relucían ligeramente. Mi estómago estaba pidiendo energía y le hice caso a ese deseo de antojo que tenía. Me adentré a lacocina, mientras me tambaleaba por el sueño que aún residía en mi. Me aproximé al refrigerador, y al abrirlo, pude sentir como el invierno que contenía se estampaba contra mi rostro, el cual aún leresbalaban gotas de sudor del caluroso alba. Saqué un cartón de jugo, y lo serví en un fino vaso de cristal, el cual daba mas ganas de contemplarlo que beber de él.
A pesar del calor que había, meprepare un delicioso café de grano puro, el cual humeaba en mi taza por el calor que emitía. Mi taza era negra, y tenía unas letras blancas que formaban la palabra “Libertad”, las cuales relucían por losrayos de luz que rebotaban contra ésta.
Me quedé de pie por unos instantes, contemplando la bella escena, y respirando el sentimiento de un cálido hogar. Dándole pequeños sorbos a mi taza, recorríla cocina con mis ojos, los cuales aún sollozaban por el cansancio matutino.
Con paso torpe, rodee la pequeña mesa de madera, la cual sostenía en su cuerpo el hermoso vaso de vidrio, que conteníaaquel fresco y vivo jugo de naranja.
Con todavía la taza con el brebaje obscuro hirviendo en la mano, abrí las firmes y agresivas puertas de caoba que formaban mi alacena, al hacerlo eché mi cuerpohacia atrás. Mi pierna no respondió al llamado de mi mente, y dio un paso en falso. Mi muslo golpeó bruscamente aquella mesa de madera, e hizo que el sublime vaso se balanceara contra el vacío, amenazandocon astillar mis desnudos pies. Las imágenes de mis dos extremidades sangrando abundantemente invadían mi mente, y mi miedo al dolor era inevitable.
Pero tenía una escapatoria, podía girar mi...
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