La mañosa, juan bosch

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  • Publicado : 19 de noviembre de 2011
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LA MAÑOSA Novela Juan Bosch

PRIMERA PARTE LA REVOLUCIÓN I Esto nos lo contó el viejo Dimas, cierta noche agujereada de estrellas: —Yo andaba con uno de mis muchachos buscando caoba; ya teníamos buen trecho caminando cuando topamos la culebra. . . Estábamos en la cocina. Las llamas del fogón se alzaban y removían incansablemente. Pepito y yo atendíamos a Dimas, mientras papá hacía chistessobre la lentitud con que mamá preparaba el café. El viejo Dimas explicaba: — Dende la madrugada habíamos cogido el camino, porque yo sabía que la caoba no se orillaba mucho. Se detuvo, miró la tierra dorada del piso y prosiguió: —Dicen que si uno ve a un animal de ésos y no lo mata, el animal lo maldice. Asigún cuentan, son obra del Enemigo Malo. Mamá, que iba vaciando el café en el colador, exclamó,con la mirada clavada en Dimas: — ¡Jesús! Ave María Purísima... Allí, sobre el hombro de la madre, estaba la cara del papá, y una sonrisilla maliciosa rompió a bailar entre sus labios. Eran mansas como vacas viejas aquellas noches estrelladas del Pino. A veces, iba Simeón; tarde, después de ver a la novia, se detenía en la puerta Mero; una que otra noche no iban ni el uno ni el otro; pero jamásfaltaba Dimas. Si llovía, entraba el agua en la cocina y se tertuliaba en la casa; bebían café, hablaban de la cosecha, de los malos tiempos, de la muerte de algún compadre. De mes en mes reventaba la luna por encima de la Encrucijada. Una luz verde y pálida nadaba entonces sobre los potreros, subía las lomas distantes de Cortadera y Pedregal, engrasaba las hojas de los árboles que orillaban elYaquecillo y pintaba de azul las tablas de la vieja casa. Aquella noche estaba dorado el cielo. Unas nubes berrendas salían por detrás de las lomas y se tragaban las estrellas. Dimas contaba: —Asina que vide ese animal tan tremendo, tan negro, desenvainé el machete y le tiré dos veces; pero la maldita tenía el cuero duro y nada más le partí el espinazo sin cortarla. Verdá es que el machete no estababien afilado, por mucho que el muchacho estuvo dándole en una piedrecita vieja que hay en casa. Bueno, se fue el bicho, yo creía que a morirse lejos, y como yo no lo diba a seguir entre tanto matojo, le dije al muchacho: “Sigue, hijo, que horitica se mete la noche”. “Taita —me respondió—, pa mí que esa culebra no está bien muerta”. “Ni te apures... Esa condenada ha dío a morirse por ahí...”.¿Morirse? . . . Bueno. La cocina estaba llenándose con el olor del café que humeaba. Las llamas se ahogaban bajo la marmita, se sacudían, se alzaban y caían. En todas las paredes bailaban esas llamas diminutas; y bailaban también en la frente, en las cejas y en las manos del viejo Dimas. —Bueno. . . — el viejo parecía estar rezando—. Yo apuraba el paso, porque estábamos a boquita e noche y no quería quenos cogiera en el monte. Asina que, ya cansado, alcanzamos el rancho del viejo Matías. “Vamos a dormir en la cumbrera, muchacho”. “Taita, no tenemos ni una yagua, y ahí nada más hay varejones podridos. El rancho del viejo Matías no era rancho ni pertenecía a nadie. Atrás, muy atrás, cuando

aún estaba joven el padre de Dimas, Matías había construido aquella vivienda, bien metida en la loma.Vivía cazando, persiguiendo reses cimarronas. Pero los animales fueron abandonando lentamente el sitio, seguidos por manadas de perros jíbaros, y un día el hombre se vio forzado a dejar el rancho. Tomó los firmes de la cordillera, siempre tras las huellas de las reses, barbudo, silencioso y recio; bajaba de año en año, en busca de pólvora o a vender pieles. Después descubrió que el Bonao le quedabamás cerca, y ya no volvió. Se sabía de él en el lugar por las noticias que traían las escasas recuas; poco a poco se destiñó su figura y con el tiempo desaparecieron cuantos le habían conocido. Matías se fue; pero su rancho quedó. A la cuenta de días, el viento vagabundo le perdió el respeto y empezó a arrancarle yaguas, reblandecidas por las lluvias; comenzaron después a caérsele tablas; al...
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