La mansión monrey

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LARA ADRIÁN

SOÑANDO DESPIERTAS

EL BESO CARMESÍ

LARA ADRIÁN

CAPÍTULO UNO

Dante pasó su dedo pulgar sobre la dulce carne de la mujer, demorándose al llegar a la carótida, donde el pulso de los humanos se hace más fuerte. Su propio pulso se aceleró también, respondiendo a la prisa con que la sangre fluía por debajo de esa superficie de delicada piel blanca.Dante inclinó su oscura cabeza y besó ese tierno lugar, dejando que su lengua jugara allí donde el corazón de la mujer batía precipitadamente las alas.

—Dime —murmuró él contra su piel cálida; su voz había sonado como un gruñido grave en medio de los palpitantes latidos del club de música—, ¿eres una bruja buena o una bruja mala?
La mujer se retorció en su regazo, sentada a horcajadassobre él, con sus piernas cubiertas por unas sugerentes medias de rejilla, y vestida con un corsé negro que realzaba sus pechos, los cuales llegaban a la altura de la barbilla de él, como si se los fuera a ofrecer en un delicioso banquete. Ella jugueteó con su brillante peluca fucsia, luego dejó caer el dedo de manera sensual sobre su pecho, recorriendo un tatuaje celta que lucía en su generosoescote.
—Oh, soy una bruja muy pero que muy mala.
Dante gruñó.
—Esas son mis favoritas.
Él sonrió ante su ebria mirada, sin molestarse en ocultar los colmillos. Era uno de los muchos vampiros que había en el club de danza Boston aquella noche de Halloween, aunque la mayoría de ellos eran impostores. Humanos que lucían dientes de plástico, sangre falsa y ridículos disfraces.Otros pocos —él y unos cuantos más pertenecientes a uno de los Refugios Oscuros de la nación de los vampiros que pasaban el rato cerca de la pista de baile— eran absolutamente genuinos. Dante y los otros eran miembros de la estirpe, una raza que se hallaba a años luz de los típicos vampiros pálidos y góticos del folclore humano. No eran ni los no muertos ni esos engendros de maldad. El tipo devampiros al que Dante pertenecía se trataba de una clase híbrida, mezcla de sangre caliente del Homo sapiens y de seres de otro mundo. Los antepasados de la estirpe, una banda de conquistadores alienígenas que habían aterrizado accidentalmente en la Tierra hacía milenios y que ahora llevaban mucho tiempo prácticamente extinguido se habían alimentado de mujeres y habían transmitido a su descendencia lased —la principal necesidad— de sangre.
Esos genes alienígenas habían dado a la estirpe poderosas fuerzas y también aplastantes debilidades. Sólo el componente humano de los vampiros de la estirpe, cuyas cualidades conservaban porque habían pasado a ellos a través de sus madres mortales, mantenía a la raza civilizada y capaz de adherirse a cierto tipo de orden. Aun así, unos pocos de laestirpe habían sucumbido a su lado salvaje perdiendo sus escrúpulos, adentrándose por una calle de dirección única pavimentada de sangre y locura. Estos eran los renegados.
Dante despreciaba a ese tipo de elementos, y pertenecía a una estirpe de guerreros cuyo deber era erradicar a esos indeseables sin escrúpulos dondequiera que se hallasen. Como hombre que disfrutaba de sus placeres, Dante noestaba muy seguro de lo que prefería: la cálida y sabrosa vena de una hembra bajo su boca o el tacto del acero terminado en titanio cuando abría en tajos a sus enemigos y los arrojaba al polvo de la calle.
—¿Puedo tocarlos? —La bruja del pelo fucsia que estaba en su regazo miraba fijamente la boca de Dante con total fascinación—. ¡Esos colmillos parecen terriblemente auténticos! Sólo quierosentirlos.
—Ten cuidado —le advirtió él mientras ella llevaba los dedos a sus labios—. Muerdo.
—¿Ah, sí? —Ella soltó una risita y abrió los ojos con asombro—. Apuesto a que sí, cariño.
Dante se llevó un dedo de ella a la boca y lo chupó, contemplando lo rápido que podría tener a esa mujer en posición horizontal. Necesitaba alimentarse, pero nunca se oponía a tener un poco de...
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