La mascarada de la muerte roja - robert weinberg

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Título: LA MASCARADA DE LA MUERTE ROJA - 1
GUERRA DE SANGRE

Autor: (1999) Robert Weinberg

Título Original: Blood War

Traducción: (1999) Carlos Lacasa Martín

Edición Electrónica: (2002) Pincho

La Sangre era su Avatar y su sello—
La rojez y el horror de la sangre.

“La Máscara de la muerte roja”
Edgar Allan Poe

Dedicatoria A Edgar Allan Poe, por motivosevidentes.
y
A Bram Stoker, que lo comenzó todo.

Nota del autor:
Aunque los lugares e historia de esta trilogía puedan parecer familiares, no se trata de nuestra realidad. El escenario de Vampiro: La Mascarada de la Muerte Roja es una versión más dura y cruel de nuestro mundo. Se trata de un pasaje oscuro y desolador donde nada es lo que parece. Es un auténtico Mundo de Tinieblas.PRÓLOGO

Roma: 15 de junio de 1992
Se encontraron a las doce de la mañana de un radiante domingo de junio, en la terraza de un pequeño restaurante a pocas manzanas del Coliseo. La llamada de la noche anterior a un número secreto en el corazón del Vaticano había sido breve y concisa. El desconocido interlocutor indicó el lugar, la hora y la persona que debía acudir. Advirtió de que "nohubiera trucos" y mencionó una increíble suma de dinero. No obstante, fue la última frase de la conversación la que aseguró que la entrevista tuviera lugar. "Hablaremos de los Vástagos", declaró la misteriosa voz en un tono sombrío y gélido.
El Padre Napoli llegó primero. Siempre acudía con tiempo a cualquier reunión, especialmente a las importantes. Era un hombre grande y fuerte cercano a lossesenta, con un pelo gris espeso y rizado, barba a juego y unos penetrantes ojos oscuros. Incluso vestido de calle parecía un sacerdote. Se manejaba con un tranquilo aire de autoridad, como alguien acostumbrado a dar órdenes y a ser obedecido al instante. Era un hombre de fe y determinación inquebrantables, y caminaba con la absoluta convicción que le daban los muchos siglos de historia de la Iglesia.Como se indicó en el mensaje de la noche anterior, acudió al encuentro desarmado. Sin embargo, no estaba preocupado: su fe le servía como escudo (y también los cinco agentes de la Sociedad de Leopoldo que había en el restaurante, dos de ellos disfrazados de turistas). Entre todos tenían suficiente potencia de fuego como para comenzar una pequeña guerra. Además, aunque hacía ya varios años que elPadre Napoli se había retirado como agente de campo, aún recordaba su adiestramiento en las artes marciales. Era un experto en kendo y karate, y podía matar a un atacante de diez maneras diferentes.
Siguiendo las instrucciones recibidas, pidió una mesa para dos en él fondo de la terraza, lejos del ajetreo de la cocina. A unos cien metros, en una habitación de hotel alquilada, había unmicrófono direccional enfocado hacia su localización exacta. Cada palabra que se pronunciara en aquella reunión sería captada y grabada para su posterior análisis. El hombre sonrió levemente mientras pedía al camarero una botella del tinto de la casa. Dios proveía, pero los milagros de la ciencia y la tecnología modernas ayudaban bastante.
Estaba terminando su primer vaso de vino cuando llegó el otrohombre. El extraño, de unos veinticinco años, alto y delgado, con el pelo rubio ondulado y brillantes ojos azules, vestía un traje blanco con una camisa de cuello abierto del mismo color. Se movió tan silenciosamente que el Padre Napoli no detectó su llegada hasta que su sombra se proyectó sobre la mesa.
—El Padre Napoli, supongo... —dijo. No había duda de que su voz, grave y brillante, no era lade la llamada telefónica de la noche pasada: al menos había dos personas involucradas en aquel misterio. Se preguntó cuántos serían. Con suerte, pronto sabría la respuesta.
—El mismo —respondió levantándose y ofreciendo la mano. El apretón del joven era sorprendentemente fuerte, y sostuvo con sus ojos claros la mirada dura del sacerdote. Pocos hombres se le podían resistir más de un...
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