La muestra de la espada rota

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  • Publicado : 25 de abril de 2011
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La Espada rota | |
De todos es sabido que el género fantástico es tan viejo como la misma humanidad. Nuestros antepasados se hartaban de imaginar historias épicas, primero amparadas bajo la propia influencia de sus mitologías, más adelante incorporando elementos propios.Y este recurso, esta simbiosis de ingredientes entre lo viejo y lo nuevo, las historias clásicas y las innovaciones en formade granitos de arena que aportaba cada autor se ha repetido siempre y probablemente continúe así. Claro que a veces un autor da un toque de atención o incluso asienta nuevas bases y puede hacer temblar sus propios cimientos. Tolkien fue uno de estos transgresores, no por qué inventara nada de nuevo si no por que lo que escribió - obviamente hablamos de su obra entorno a la Tierra Media- inspiró ainfinidad de otros autores. Tolkien utilizó aquella simbiosis de que hablaba anteriormente: Mezcló la mitología nórdica con elementos propios y creó la novela fantástica más influyente del siglo XX: El Señor de los Anillos.Pero aquel mismo año de publicación, 1954, un autor americano de padres escandinavos también ofrecía al público una obra fantástica: La espada rota que es el libro que ahoranos ocupa. Una novela que utilizaba las mismas bases que la magna obra de Tolkien - mitología escandinava- para ofrecernos una historia de pasiones desenfrenadas, batallas, amores, odios, magia y mucha aventura. El autor fue Poul Anderson, un escritor que cultivó la fantasía heroica – fue uno de los continuadores de la obra de Conan por ejemplo- pero que era más conocido por sus trabajos en elámbito de la ciencia-ficción, un autor que no pudo luchar contra la sombra del omnipresente Tolkien pero que imaginó una obra fantástica que actualmente podría rivalizar con cualquier otra.La espada rota, como decía, bebe de las mismas fuentes mitológicas que El Señor de los Anillos, pero las trata de diferente forma, quizás más acercándose a la realidad imaginada por los vikingos y sus antepasados.Aquí encontramos elfos, gigantes, enanos y trolls; brujería y guerra, sangre y pasión... pero Anderson nos deleitó con una obra más violenta, más desenfrenada: Los elfos no tienen sentimientos y de poco se diferencian de su contrincantes, los trolls; el incesto, la violación, la falta de ética y de honor son el pan de cada día tanto entre los elfos como entre los trolls - sólo hay que ver elconcubinaje voluntario de las damas élfas-; en cambio los humanos viven bajo la sombra de un mundo mágico - Faerie- que se extiende por toda Europa en una dimensión paralela, de manera que sólo los que tienen el don de la Vista Encantada pueden contemplarlo. Este espacio mágico, coexiste con nuestra realidad, con nuestros territorios.Pero nuestra historia empieza en el mundo de los hombres, en la costaeste de la actual Inglaterra, en plena efervescencia vikinga. Y empieza con un intercambio de un bebé humano por otro nacido por medio de la magia élfica del vientre de una troll prisionera. Imric, conde élfico de Inglaterra es quien roba al bebé y lo sustituye por otro de igual, nacido de la abominación y la tortura. El niño robado, Skafloc, vivirá entre la frialdad de los elfos mientras espera elfunesto destino representado por una espada rota regalo del mismo Odín. El otro bebé, Valgard crecerá entre los hombres, arisco y poco amado, hasta que las manipulaciones de los que tienen más poder que él lo instigarán a cometer los crímenes más atroces. Skafloc y Valgard están condenados a combatir, a mover ejércitos y a liderar sus pueblos adoptivos, mientras son observados por la atenta miradade unos dioses que usan a sus criaturas como peones en un juego de muerte y destrucción. El autor juega, pues, con los sentimientos humanos de los dos protagonistas para escribir una trama llena de tragedias y desesperanza.El escenario se completa con la batalla de creencias: Mientras que los dioses paganos propios de cosmogonías nórdicas -Odín, Thor, Loki- o célticas, viven todavía por Faerie...
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