La noche boca arriba

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La fidelidad milenaria del perro Argos

En la rapsodia XXIV de la Odisea kazantzakiana, una inmensa y fantasmagórica marcha a través de tierras, mares y aire, realizan todos aquellos que fueron compañeros de Ulises o con quienes se cruzó en su largo peregrinar, respondiendo al llamado del moribundo. Muchos de ellos no están ya en vida y vienen desde el mundo de los muertos. Llegan hasta laúltima ribera de la tierra y se lanzan al mar para alcanzar hasta la barca de hielo de Odiseo

Llegaban a la orilla, refrescábanse, los lejanos-invitados,
se unían con la espuma y navegaban, volaban con los petreles,
y cuando la gran ribera quedó vacía, un pobre perro-en-los-huesos
se estremeció con ansia, husmeando el aire[1].

Es Argos, aquel perro que Homero inmortalizara en unos pocosversos, aquél que esperó veinte años a su amo y que en cuanto lo vio lo reconoció, pese a la apariencia que le daba su disfraz. El pasaje homérico es breve en lo que respecta a la actitud del animal, que, enfermo y viejo, muere luego de manifestar su alegría por ver de nuevo al amo, que llega a su casa, conversando con el porquerizo Eumeo. Es Argos el primero y el único en reconocer a Odiseo sinnecesidad de pruebas, signos o señales. “Contrariamente a los humanos, para advertir su presencia [la de Ulises], no necesita sémata, signos. Sema: la palabra clave del reconocimiento como lo mostraron pertinentemente muchos comentaristas de la Odisea [...]. El reconocimiento de su amo por parte de Argos es, por el contrario, inmediato. El animal lo experimenta en el acto, sin tener que apoyarlocon pruebas o demostraciones”[2].Es más. Junto a Oscar Gerardo Ramos, podemos comparar el desconocimiento de su anhelada patria, que experimenta Odiseo al llegar a Itaca, con la actitud del pobre perro, quien sí reconoce a su amo, pese a su disfraz de mendigo y a las arrugas que surcan su rostro: “¿Cómo es que Odiseo no reconoce su patria, tan llorada y buscada, y Argos, al revés, sí reconoce alamo, también tan esperado? El perro es el único que lo reconoce al rompe, por encima de toda apariencia. ¿Qué es lo permanente den Odiseo – pese a lo mutable – que orienta al perro? Entonces cae ese hexámetro glorioso de que el perro murió después de ver a su maestro después de veinte años de ausencia. Odiseo, a hurtadillas de Eumeo, se enjuga una lágrima: el héroe impertérrito llora, sin poderevitarlo. Con jussticia esta escena – también por razones estilísticas – es inmortal en la literatura”[3].
A Odiseo “nadie lo reconoce en su hogar, excepto su viejo perro, que lo saluda y muere de alegría entre sus piojos. ¿No es acaso la muerte de un perro sarnoso en un estercolero el colmo mismo de la inmundicia? No. El último gesto de Argos es un gesto de generosa y abnegada nobleza, y siguesiendo una figura heroica en nuestros corazones”[4]. Oscar Gerardo Ramos ha podido escribir así sobre aquel animal inolvidable, del que la escultura no nos dejó imagen: “Argos quedó esculpido en una piedra de hexámetros, con estampa más antigua, más solemne, más fúlgida que la que muestran los leones del portalón de Micenas. Porque Homero lo había burilado en roca de cántico, la estética helenísticano se atrevió a plasmarlo en mármol huidizo”[5].

Tal hablaban los dos entre sí cuando vieron un perro
que se hallaba allí echado e irguió su cabeza y orejas:
era Argo[6], aquel perro de Ulises paciente que él mismo
allá en tiempos crió sin lograr disfrutarlo, pues tuvo
que partir para Troya sagrada. Los jóvenes luego
lo llevaban a cazar cabras, cervatos y liebres,
mas ya entonces,ausente su dueño, yacía despreciado
sobre un cerro de estiércol de mulas y bueyes que habían
derramado ante el porche hasta cuando viniesen los siervos
y abonasen con ello el extenso jardín. En tal guisa
de miseria cuajado se hallaba el can Argos; con todo,
bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto,
coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo
fuerzas ya para...
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