La paz perpetua kant

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La paz perpetua Inmanuel Kant

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Índice


La paz perpetua A la paz perpetua
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Sección primera Artículospreliminares de una paz perpetua entre los estados Sección segunda Artículos definitivos de la paz perpetua entre los estados Primer artículo definitivo de la paz perpetua Segundo artículo definitivo de la paz perpetua Tercer artículo definitivo de la paz perpetua Suplemento primero De la garantía de la paz perpetua

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Suplemento segundo Un artículo secreto de la paz perpetua

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Apéndices -ISobreel desacuerdo que hay entre la moral y la política con

respecto a la paz perpetua - II De la armonía entre la política y la moral, según el concepto trascendental del derecho público
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Notas

La paz perpetua
Inmanuel Kant

A la paz perpetua Esta inscripción satírica que un hostelero holandés había puesto en la muestra de su casa, debajo de una pintura que representaba un cementerio,¿estaba dedicada a todos los «hombres» en general, o especialmente a los gobernantes, nunca hartos de guerra, o bien quizá sólo a los filósofos, entretenidos en soñar el dulce sueño de la paz? Quédese sin respuesta la pregunta. Pero el autor de estas líneas hace constar que, puesto que el político práctico acostumbra desdeñar, orgulloso, al teórico, considerándole como un pedante inofensivo, cuyasideas, desprovistas de toda realidad, no pueden ser peligrosas para el Estado, que debe regirse por principios fundados en la experiencia; puesto que el gobernante, «hombre experimentado», deja al teórico jugar su juego, sin preocuparse de él, cuando ocurra entre ambos un disentimiento deberá el gobernante ser consecuente y no temer que sean peligrosas para el Estado unas opiniones que elteórico se ha atrevido a concebir, valgan lo que valieren. Sirva, pues, esta «cláusula salvatoria» de precaución que, el autor de estas líneas toma expresamente, en la mejor forma, contra toda interpretación malévola.

Sección primera
Artículos preliminares de una paz perpetua entre los estados
1.º No debe considerarse como válido un tratado de paz que se haya ajustado con la reserva mental deciertos motivos capaces de provocar en el porvenir otra guerra. En efecto: semejante tratado sería un simple armisticio, una interrupción de las hostilidades, nunca una verdadera «paz», la cual significa el término de toda hostilidad; añadirle el epíteto de «perpetua» sería ya un sospechoso pleonasmo. El tratado de paz aniquila y borra por completo las causas existentes de futura guerra posible, auncuando los que negocian la paz no las vislumbren ni sospechen en el momento de las negociaciones;

aniquila incluso aquellas que puedan luego descubrirse por medio de hábiles y penetrantes inquisiciones en los documentos archivados. La reserva mental, que consiste en no hablar por el momento de ciertas pretensiones que ambos países se abstienen de mencionar porque están demasiado cansados paraproseguir la guerra, pero con el perverso designio de aprovechar más tarde la primera coyuntura favorable para reproducirlas, es cosa que entra de lleno en el casuismo jesuítico; tal proceder, considerado en sí, es indigno de un príncipe, y prestarse a semejantes deducciones es asimismo indigno de un ministro. Este juicio parecerá, sin duda, una pedantería escolástica a los que piensan que, segúnlos esclarecidos principios de la prudencia política, consiste la verdadera honra de un Estado en el continuo acrecentamiento de su fuerza, por cualquier medio que sea. 2.º Ningún Estado independiente -pequeño o grande, lo mismo da- podrá ser adquirido por otro Estado mediante herencia, cambio, compra o donación... Un Estado no es -como lo es, por ejemplo, el «suelo» que ocupa- un haber, un...
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