La piedra sagrada

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  • Publicado : 29 de mayo de 2011
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Yo estaba ayer en Tandil, cuando, al atardecer, el pueblo entero se conmovió al rumor de que la piedra que dio fama y espíritu a la ciudad pampeana, habíase, de pronto, derrumbado falda abajo del solio de misterio donde por tanto tiempo la admiraron. El estupor de las grandes catástrofes colectivas, un estupor incrédulo y fatal, cundió en el alma de la muchedumbre emocionada. Voló de labio enlabio la insólita noticia: deteníanse los transeúntes para comunicarla; avisábanla
desde sus puertas los vecinos; llevábanla con presteza, invisibles agentes, hasta el suburbio de las quintas lejanas.

...Y es que la piedra movediza era para el Tandil como su lido para Venecia, como su torre para Pisa, como su golfo para Nápoles, como su vega para Granada, como sus almenas para Avila, como sucerro para Montevideo, como su bahía para Río, como su colina para Montmartre, como su floresta para Tucumán. Era, quizá, más que todo ello ante la conciencia de aquel vecindario, pues entre los rasgos de la naturaleza que dan fisonomía a las ciudades, la piedra caída ayer, no era un espectáculo sino un misterio, no era un panorama sino una presencia. Como tal lo sentían en su corazón todos losseres que hoy deploran su inexplicable derrumbamiento: como un misterio desvanecido en la sombra, como una presencia que ya no volveremos a contemplar jamás.

...Cuando llegué hasta la sierra, llevado por el deseo de comprobar los rumores que circulaban en la ciudad, era ya casi de noche. Una agitada muchedumbre hormigueaba al pie del monte, se diseminaba por las cercanías, negreaba sobre lacumbre, subía y bajaba por la escarpada senda. Oíanse las mismas apasionadas parlerías que un momento antes por las azoteas y calles del pueblo: conjeturas, noticias, lamentaciones, denuestos. Acababa de encontrar, por el camino, coches, automóviles, bicicletas, caballos con tres peregrinos montados a escote en la misma cabalgadura. Los que venían, daban voces a los que llegaban, al cruzarse en lacarretera: "¡ Rota, en dos pedazos!" "Se acabó la Piedra !" Los que oían, continuaban, todavía incrédulos, hasta verla. Flotaba en el aire una inquietud de fatalidad. La sombra del anochecer impersonalizaba aún más aquella muchedumbre; velaba los rostros; acentuaba el misterio de las actitudes y las voces. El gentío se renovaba: hombres, mujeres, niños; obreros, señores; todos iban por laescarpada senda, en ascensión acongojada, acesante, difícil. El vasto bloque semiobscuro del cerro, con aquel penoso arrastre humano por su falda, asemejó, de pronto, lugar sagrado o sitio fúnebre, rústico santuario en día de peregrinación, o uno de aquellos montes santificados por el fervor popular en las tierras propicias del Oriente. Y cuando yo también llegué a la cumbre, y me cercioré de que lapiedra faltaba, y la espié yacente y rota en su precipicio, recién caída como en una tumba, comprendí toda la honda emoción de aquella muchedumbre que aquilataba de congojas humanas el impávido misterio de la naturaleza, y elevando mi propia emoción hasta las alturas del ensueño, recordé otras piedras como ésta, que los pueblos antiguos adoraron: piedras llamadas "de la verdad", piedras llamadas "deldestino"; las piedras de ordalía en cuyo movimiento los sacerdotes escandinavos consultaban los designios del tiempo; draconianas consagradas a la Serpiente y a la Luna, como aquella Otizoe de la Persia, que aconsejaba a los magos en la elección de sus príncipes.

Me ha tocado, como veis, la triste suerte de contemplar a la nuestra del Tandil, un instante después de su derrumbamiento.Casualidad tan emocionante, se me antoja un designio, dada mi propensión druídica, y me señala como un deber la publicación de esta crónica. Yo veía en aquella piedra, uno de los mayores signos de elección, entre tantos que la Providencia ha dispensado al territorio de nuestra patria.

...Ignoro si los indios de la Pampa la hayan adorado. Quizá los hombres de la sumergida Atlántida la conocieron,...
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