La piel de un indio no cuesta caro

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  • Publicado : 31 de octubre de 2010
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-¿Piensas quedarte con él? -preguntó Dora a su marido.
Miguel, en lugar de responder, se levantó de la perezosa donde tomaba el sol y haciendo bocina con las manos gritó hacia el jardín:
-¡Pancho!
Un muchacho que se entretenía sacando la yerba mala volteó la cabeza, se puso de pie y echó a correr. A los pocos segundos estuvo frente a ellos.
-A ver, Pancho, dile a la señora cuanto es ocho másocho.
-Dieciséis.
-¿Y dieciocho más treinta?
-Cuarentiocho.
-¿Y siete por siete?
Pancho pensó un momento.
-Cuarentinueve.
Miguel se volvió hacia su mujer:
-Eso se lo he enseñado ayer. Se lo hice repetir toda la tarde pero se le ha grabado para toda la vida.
Dora bostezó.
-Guárdalo entonces contigo. Te puede ser útil.
-Por supuesto. ¿No es verdad Pancho que trabajarás en mi taller?
-Sí,señor.
A Dora que se desperezaba:
-En Lima lo mandaré a la escuela nocturna... Algo podemos hacer por este muchacho. Me cae simpático.
-Me caigo de sueño -dijo Dora.
Miguel despidió a Pancho y volvió a extenderse en su perezosa. Todo el vallecito de Yangas se desplegaba ante su vista. El modesto río Chillón regaba huertos de manzanos y chacras de pan llevar. Desde el techo de la casa se podíaver el mar, al fondo del valle, y los barcos surtos en el Callao.
-Es una suerte tener una casa acá -dijo Miguel-. Sólo a una hora de Lima. ¿No, Dora?
Pero ya Dora se había retirado a dormir la siesta. Miguel observó un rato a Pancho que merodeaba por el jardín persiguiendo mariposas, moscardones; miró el cielo, los cerros, las plantas cercanas y se quedó profundamente dormido.
Un griteríojuvenil lo despertó. Mariella y Víctor, los hijos del presidente del club, entraban al jardín. Llevaba cada cual una escopeta de perdigones.
-Pancho, ¿Vienes con nosotros? -decían-. Vamos a cazar al cerro.
Pancho desde lejos, buscó la mirada de Miguel, esperando su aprobación.
-¡Anda no más! -gritó-, ¡y fíjate bien que estos muchachos no hagan barbaridades!
Los hijos del presidente salieron porel camino del cerro, escoltados por Pancho. Miguel se levantó, miró un momento las instalaciones del club que asomaban a lo lejos, tras un seto de jóvenes pinos, y fue a la cocina a servirse una cerveza.. Cuando bebía el primer sorbo, sintió unas pisadas en la terraza.
-¿Hay alguien aquí? -preguntaba una voz. Miguel salió: era el presidente del club.
-Estuvimos esperándolos en el almuerzo -dijo-.Hemos tenido cerca de sesenta personas.
Miguel se excusó:
-Usted sabe que Dora no se divierte mucho en las reuniones. Prefiere quedarse aquí leyendo.
-De todos modos -añadió el presidente- hay que alternar un poco con los demás socios. La unión hace la fuerza. ¿No saben acaso que celebramos el primer aniversario de nuestra institución? Además no se podrán quejar del elemento que he reunido entorno mío. Toda gente chic, de posición, de influencia. Tú, que eres un joven arquitecto...
Para cortar el discurso que se avecinaba, Miguel aludió a los chicos:
-Mariella y Víctor pasaron por acá. Iban al cerro. He hecho que Pancho los acompañe.
-¿Pancho?
-Un muchacho que me va a ayudar en mi oficina de Lima. Tiene sólo catorce años. Es del Cuzco.
-¡Que se diviertan, entonces!
Dora aparecióen bata, despeinada, con un libro en la mano.
-Traigo buenas noticias para tu marido -dijo el presidente-. Ahora, durante el almuerzo, hemos decidido construir un nuevo bar, al lado de la piscina. Los socios quieren algo moderno, ¿Sabes? Hemos acordado que Miguel haga los planos. Pero tiene que darse prisa. En quince días necesitamos los bocetos.
-Los tendrán -dijo Dora.
-Gracias -dijoMiguel-. ¿No quiere servirse un trago?
-Por supuesto. Tengo además otros proyectos de más envergadura. Miguel tiene que ayudarnos. ¿No te molesta que hablemos de negocios en día domingo?
El presidente y Miguel se sentaron en la terraza a conversar, mientras Dora recorría el jardín lentamente, bebía el sol, se dejaba despeinar por el viento.
-¿Dónde está Pancho? -preguntó.
-¡En el cerro! -gritó...
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