La responsabilidad

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  • Publicado : 11 de julio de 2010
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"Colección de microrelatos que narran con aire de nostalgia experiencias infantiles en la ciudad andina de Jauja. Muchos de los textos logran transmitir un ambiente mágico y de intenso lirismo"--Handbook of Latin American Studies, v. 58
. Sinopsis
Con este bello nombre, Rivera Martínez nos entrega un conjunto de viñetas autobográficas en las que emprende la aventura de recomponer el mágicouniverso de su Jauja natal. Una tierna evocación que irradia alegría, fino sentido del humor y, sobre todo, poesía.
Ficha detallada
Editorial Peisa

ISBN 9972-40-035-2
Edición Lima
Páginas 96
Formato 14,5 x 20,5 cm.
Lo ubicas en: Literatura Peruana > Narrativa
Edgardo Rivera Martínez
Narrativa
En la luz de esa tarde
El paleógrafo y la tesis
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ENLA LUZ DE ESA TARDE
(De Cuentos completos, Alfaguara, Bogotá y Lima, 1999)

Sara se acercaba a ese ángulo de la galería donde te hallas ahora. Se aproximaba y tocaba con dulzura, apenas con las yemas de los dedos, las corolas de sus flores. Se inclinaba sobre sus macetas, y se veía entonces tan hermosa, ceñido su rostro por sus cabellos obscuros, sobre esa fiesta de blancos, rojos y gualdas.Después, alzándose, y sin volver la cara, se alejaba. ¿Era Sara, en verdad? ¿Sara, tu joven mujer? Vase por el corredor y no se oye el sedoso rumor de su vestido. Se detiene luego junto a esa puerta y se torna a medias, como si fuera a decir algo que hubiera olvidado. Mas no, no pronuncia palabra alguna, y entra en esa estancia.

Sara y sus manos sensitivas, sus ojos bellos. Y no queda entoncessino esa quietud morosa en la tarde sin término, esa paz en que danzan gránulos de un polvo luminoso e impalpable. La tarde aquella en Acobamba. ¿Fue así, realmente? ¿Se inclinó de veras sobre sus geranios, en esa luz tan extraña? Cierras los párpados, y quizás un ligero temblor agita tus labios. Cruzas las manos. Y no, no vuelves la cabeza hacia la sombra, y menos hacia el libro cuyas imágenescontemplabas en día aún más remoto. "Ven, ven aquí", decía esa voz. Una voz clara y cantante. Y no, no fuiste, y permaneciste más bien callado, y te aferraste a esa esquina, apoyada la barbilla en la baranda. En realidad habrías querido ir hacia quien había hablado -la sonrisa, la suavidad, el regazo-, pero no lo hiciste, pues te retenían una cierta turbación, un temor. La sensación, además, de ser,allí en el ángulo, un animal secreto. Sí, obscuro, al acecho. Un animal que se encerraría poco a poco en sí mismo, hasta no ser más que una presencia reconcentrada y dolorosa. Mas no fue una tarde, sino una mañana. Tan puro el aire, y radiantes los alisos y eucaliptos. Y hoy es a la vez ese día y éste que te asedia ahora y te aprisiona.

Recuerdas que abandonaste ese refugio, y, paso a paso tedirigiste al otro extremo del balcón, y bajaste por la escalera. Deseabas, sin duda, que volvieran a llamarte, para callar otra vez y esconderte. Que dijeran: "Niño, ¿por qué no vienes?" Te detuviste junto al arco y alzaste la vista hacia el rincón de la galería, tribuna en verdad de sueños y terrores. Sara con sus geranios y claveles, y la voz de tu madre y los destellos de la brisa. Ay, poco apoco la mañana se hace noche. Noche densa, como aquella en que regresaste de visitar a Rebeca, tu hermana, en Huanta, muchos años después. El zaguán se hallaba a obscuras, y tus espuelas resonaron.

Avanzaste hacia el patio, y, de pronto, viste que allí en el balcón, muy cerca del sitio que preferías en tu infancia, se encontraba tu padre, de pie y vestido de negro, como fue siempre. Sostenía uncandil de llama diminuta, y escrutaba hacia la entrada, pero sin verte. ¿Qué hacía? ¿Por qué esa apariencia tan severa? Quisiste decirle que habías llegado. Decir: "Padre, soy yo. ¿Qué ha sucedido?" Mas no pronuncias palabra, y de pie, observas. No, no avizora ya el viejo señor, sino que se ha sumido en su silencio, y no le importa que la candela vacile, a punto de apagarse. Te adelantas,...
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