La señora del señor

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  • Publicado : 9 de diciembre de 2010
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LA SEÑORA DEL SEÑOR
AUTOR:
EDUARDO LÓPEZ SANDOVAL

Regalo, Regalao o Régulo, -nadie en el Barrio sabía ni le interesaba como exactamente se llamaba el Mecánico-, no tenía vehículo, pero se las ingeniaba para cargar siempre uno. Reparaba los carros y no tenía taller. Siempre resolvía para hacer que un dueño le dejara el vehículo por los días necesarios, hasta que un nuevo dueño le dejaba otro.En este momento carga un camión, el dueño sabe que ya está reparado, el Mecánico sabe que el dueño está enterado, todos en el Barrio están son conocedores de la situación, todos en el mundo son cómplices de los encuentros de la pareja que se amaba a escondidas de ese mundo, y el ojo de la gente veía el centro del sol para no ver.
El Mecánico revisaba el camión por décima segunda vez, leprobaba de nuevo los platinos, lo encendía y lo apagaba. Ya había llevado al Señor a pescar. Y llevó a los muchachos, a los hijos del Señor, a la casa de los abuelos. Roberto corrió y le dio la vuelta a la mitad de la cuadra, se colocó exactamente detrás de la casa de la Señora, y observó por la rendija de la pared de cinc que ésta todavía estaba bañándose. Todavía no era el momento, se dijoRoberto. Regresó y vio a Regalo con el pie derecho subido al caucho delantero del camión, lo vio en la posición que el Mecánico siempre lo esperaba, con el puño en la barbilla. Y ciertamente parecía esperarlo a él, por la esquina por la que Roberto regresó del viaje de menos de cuatro minutos. Y regresó, y no lo esperaba. Viendo hacia él, no lo veía, pues no lo esperaba a él. Viendo hacia la esquina,que era el cuadro principal de su visión, no lo veía. Roberto le hizo un guiño, y no lo vio, zapateó con el pie izquierdo, y tampoco lo observó.
Roberto dijo:
- ¡épale!
Y Regalao lo vio y le dijo:
- ¡No te pierdas!, ¡Te estaba esperando!. Estamos retrasados con este camión.
Roberto quiso decirle que él sabía que no estaba esperándolo a él. Que él,-Roberto-, sabía que él, -Regalo-, iba a tocar las nalgas y morder las tetas de la Señora del Señor que pescaba. Que él sabía que cuando llevaba al Señor a pescar a la parte más lejana de la laguna, regresaba corriendo sin parar a echar gasolina, sin parar a comprar cigarros, sin parar a reparar un caucho, para bañarse para la Señora. Roberto quiso decirle que la Señora también se bañaba para él, y seponía unas pantaletas rojas que se le metían por el culo, para él. Pero no se lo dijo. Posiblemente Regalao no sabía que la Señora se bañaba para él; pero, -pensaba Roberto-, sí sabía que se ponía unas pantaletas rojas para que él se las quitara, porque siempre se las quitaba de ese color.
Ahora era Regalo quien veía a Roberto absorto en pensamientos.
- ¡Dale un toque!. -Dijofuerte.
Y Roberto corrió, se subió al camión.
Rum, rum, rum, rum.
Regalao dio tres pasos hacia la derecha se colocó las manos en la cintura en la mano derecha la llave de boca de tres cuartos en la izquierda el trapo sucio del trabajo y le dijo:
- Negro, te dije un toque.
Un toque, dos toques, dale corrío. Dale chola. Apágalo. Ya está.
Otro díaestaba reparando un jeep, el jeep de Don Federico. La perola de Federico le decía regulo cuando Don Federico no estaba. Y ya estaba reparado. El Mecánico no se enteraba que el Negrito lo sabía. No pensaba que el Negrito pensaba. No imaginaba que el Negro imaginaba. El Negro sabía que ese día había llevado al Señor a pescar bien lejos y que luego se había bañado. Que dentro de poco desde el patiode la casa la Señora del Señor que estaba sola le lanzaría una piedra al carro y que él -el Mecánico- le tiraría una piedra al techo de cinc de la casa, clave infalible que indicaba que contadas más o menos veinte la Señora abriría la puerta y él entraría. Se desnudará se sudará y se dormirá hasta que la Señora lo despierte luego de sonar dos horas en el reloj de la pared. Roberto asociaba...
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