La Tierra De Los 7 Moles

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La Tierra de los 7 Moles

Aún el mundo era infinito. No había sido nombrado y no tenía palabras que lo delimitaran. Sólo flotaba apaciblemente una especie de bruma espesa; esa misma que ahora hace brotar el Huitlacoche, hizo brotar entonces los ojos en el rostro de las criaturas de maíz.

Al final del Séptimo Día, los dioses se sentaron a contemplar su obra. Miraban complacidos el resultadode sus intentos. Vieron como poco a poco las criaturas de maíz dejaban de ser ingrediente inerte, y se convertían en vida.

Cuentan los sueños, los árboles, y los abuelos que antes de llegar a la perfección de las criaturas de maíz, los dioses realizaron múltiples pruebas: con tierra, con madera, con huesos, con barro. Especialmente con barro hicieron varias pruebas, muchas, tantas que al finalse fue formando una enorme masa que parecía tener vida propia. Los dioses se asustaron, palidecieron, y después de una brevísima reunión llegaron a la decisión de abandonar la gran masa de barro en un alejado y árido valle cerca del mar. Después de abandonarla, casi sin hacer ruido los dioses huyeron hacia el oeste y nada se supo más de ellos.

Pasaron días, pasaron meses, años, siglos, muchossiglos y la gran mole comenzó a extenderse lentamente. Poco a poco comenzaron a formarse, llanos, pozos, cuevas, montes, montañas, muchas montañas. Con el tiempo, el mar empezó a filtrarse por el barro y se formaron también ríos, después pequeños lagos, y más tarde grandes y hermosos lagos. Entonces, sobre la enorme masa extendida comenzó a crecer una especie de terciopelo verde, un delicadoterciopelo verde del que más tarde empezaron a brotar diminutos arbustos, cientos de magueyes, miles de orquídeas, y sobre todo una inmensa cantidad de árboles de los que colgaban frutos con las últimas reminiscencias de las fallidas criaturas de barro; unos frutos con apariencia de enormes y deformes narices, esos extraños frutos que ahora conocemos como Huajes.

Siguieron pasando los años, los siglosy poco o nada podía distinguirse ya de aquella enorme masa de barro que había quedado sepultada bajo sus propias flores, montañas y ríos. Justo en el centro de este inmenso paisaje se abría un gran lago del que surgían siete estrechos ríos, que dividían el territorio en siete regiones más o menos iguales en tamaño pero muy diferentes en su vegetación, en su fauna, pero sobre todo en el color y enel sabor de su tierra.

La Tierra de los Huajes permaneció virgen y desierta por muchos muchos años más, hasta que finalmente, un buen día se apareció por uno de sus angostos riachuelos un pequeño botecito. Aquel frágil botecito estaba fabricado con blancas y secas hojas de maíz, y sus velas estaban confeccionadas con verdes y frescas hojas de plátano.

Entre la característica bruma delpaisaje, comenzaron a distinguirse sobre la pequeña embarcación siete esbeltas e inquietantes figuritas. Eran las criaturas del maíz. Desembarcaron.

Como los dioses y la naturaleza (por accidente o por intensión) ya se habían encargado de dividir el territorio en partes iguales, no había mucho que discutir. Cada hombrecito como por inercia se encaminó hacia su tierra; unos nadaron, otrosimprovisaron pequeños puentes. El más indeciso, pero también el más paciente aguardó hasta el final, por lo tanto su tierra lo escogió a él. Como había sido el último en escoger, también fue el último en quedarse en el bote, por lo que sólo tuvo que remar un poco para llegar hasta su destino.

Chiltik, que era el más ambicioso de los siete tripulantes, fue el primero en saltar de la embarcación. Al llegaral centro del lago se vio deslumbrado por el enorme Sol que brillaba fijamente sobre el horizonte en la región más alejada de todas. Hipnotizado por el gran astro continuó nadando de manera impetuosa y conforme se acercaba hacia la tierra, el rojizo Sol se hacía más, y más, y más grande. Tanta era la fascinación de Chiltik con aquel coloso de fuego, que no advirtió que mientras nadaba hacia la...
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