La trilogia de lo cotidiano

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JOYCE, KAFKA, PROUST
LA TRILOGÍA DE LO COTIDIANO
 
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Por Juan C Arango
 
Lectura de presentación de la exposición Lugares literarios, llevada a cabo el viernes 27 de mayo de 2007. Auditorio principal Institución Universitaria ESUMER.
 
 

Advertencia

 
Me invitaron hoy a realizar una semblanza sobre estos tres autores. Sin duda la trilogía de los gigantes de laliteratura de finales del siglo XIX y principios del XX, genera en mí un complejo de iguales dimensiones a la estatura de estos colosos de la novela. Y es que encomendarle esta tarea a un economista que tuvo la audacia juvenil —estimulada más por sus frecuentes crisis existenciales— de aproximarse tenuemente a algunas de las obras de estos autores, es una misión arriesgada para quien me sugirióescribir este texto. Riesgo que radica en la alta posibilidad de cometer imprecisiones de diverso tipo o caer en la superficialidad, al ser yo un profano en asuntos literarios. Sin embargo, decidí aceptar el reto. Acá estoy, más que para repetir detalles biográficos y literarios, para reflexionar sobre la vigencia actual de las obras cumbres de James Joyce, Frank Kafka y Marcel Proust.
 
Lasociedad de hoy nos ha quitado lentamente el encanto por la vida. No hablo de la sensación que nos hace existir en su forma primaria, biológica. Me refiero a que tristemente se nos ha acabado la capacidad de contemplar la magnificencia que yace en las cosas más cotidianas, en apariencia más insignificantes, de la vida misma. Más grave aún resulta, que prácticamente se ha extinto de nuestro ser lacapacidad para emocionarnos con esas pequeñeces maravillosas. Pasan desapercibidos por nuestra existencia hechos como el calorcito de ese rayo de sol en la mañana; o el placer extasiante que implica resolver una necesidad fisiológica, sea cual fuese ésta (desde hacer el amor que es la más perceptible, y aún le hemos perdido el sabor lento y tenue al sexo; pasando por la de comer hasta la más humanay regular como defecar); o la gracia que produce el sonido de la lluvia al caer y el chapoteo de nuestros zapatos en los charcos; o esa suavidad característica en la piel y labios de los niños que nos hace pensar en la fragilidad y belleza de la vida; o en sentir como nuestro corazón palpita acompasado por el aire cuyo susurro viaja por nuestras fosas nasales. Ahora no disfrutamos de laexistencia en los términos anotados. No hay tiempo! El tiempo es oro! Estoy estresado! Necesito cambiar el carro, el apartamento! Tengo que ascender! La plata no me alcanza! Estoy cansado! Estoy enfermo! Todas estás son frases tan comunes hoy en día. El frenesí de los nuevos tiempos borra lentamente de nuestra condición humana su sentido ontológico; es decir el carácter más trascendental del sermismo. Corremos. Vamos rápido; a la velocidad que nos de. Hay qué llegar. A dónde? Ser los primeros. De qué?
 
Hoy, los días son odiseas. No en el sentido de Joyce. No de ese Ulises dublinés, Leopold Bloom, enfrentado a la existencia implacable y emocionante de la gran urbe; hombre que se sujeta a la indiferencia de una ciudad que le da igual el dolor de los insignificantes. De un dolorque no suma a las estadísticas económicas y financieras. De un drama de vida sin hazañas exuberantes dignas de ser contadas en relatos épicos. De héroes de piel resquebrajada por el tiempo y sudor que remoja hasta deshacer las esperanzas. Personaje que añora su hogar en la noche después del trabajo como la llegada misma a Ítaca, abrazar su esposa cansada e invisible en su mundo doméstico, esaPenélope de delantal y chanclas; y a esos hijos que como Telémaco, fraguan sus destinos infantes entre sueños y penurias. Pero a pesar de todo, Leopold existe; siente en cada paso el rigor de la odisea cotidiana. Nuestras ciudades subdesarrolladas eructan extasiadas plétoras de cuerpos y espíritus famélicos y frustrados de ciudadanos, de seres descarnados, cansados y presurosos. A la familia le...
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