La tripita

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LA TRIPITA
Eran dos niñitas que se llamaban Juanita y Rosita, Juanita la mayor, era perezosilla, en tanto que Rosita, la más chica, era hacendosa y obediente. La madre, mujer pobre y llena de ocupaciones, por ahorrarse malos ratos y disgustos con Juanita, acudía continuamente a Rosita para que le ayudara en sus faenas.
- Un día su madre le dijo:
- Mira Rosita, voy a hacer un guiso decordero como para chuparse los dedos, vete al río a lavar las tripas-
Y le entregó una ollita de barro con las tripas de cordero. La niña salió cantando, camino del río, bajó a la orilla, se sentó en un pedrón y lavó las tripas, colocándolas luego dentro de la ollita. Estaba lavando la última tripa, cuando se le escapo de entre las manos y se fue río abajo. ¡Aquí los apuros de Rosita! Pensó que sumadre se iba a enfadar mucho y que su hermana se iba a burlar. Y como era enemiga de líos resolvió recuperar la tripita, a todo trance, andando, siguiendo por las márgenes de la corriente del río.
Con la ollita bien cogida, oculta bajo el mantoncillo de lana, echó a andar Rosita, anda y anda, se encontró con un leñador.
-Diga usted, señor leñador- le preguntó- ¿No sabe usted, señor leñador,donde podré encontrar una tripita que se me ha caído al río?
El leñador poso un poco de leña al suelo y se reía a carcajadas, repitiendo: ¡Juh, juh! A la niña se le ha caído una tripita al río.
Rosita no quiso darle mayores explicaciones a aquel tipo y siguió su camino. Camina y camina, se encontró con un pastorcito.
-Pastorcito- le preguntó- ¿No has visto una tripita de cordero que se me cayó alrío, mientras la estaba lavando?
-No he visto nada- contestó el pastorcito, y siguió detrás de sus ovejas tocando la flauta.
Siguió caminando y pasó por una cabaña, junto a la puerta estaba una mujer hermosa, pobremente vestida y de aspecto cansado.
- Señora- preguntó la niña respetuosamente-¿No ha visto usted una tripita que se me ha caído al río?
- ¡Ay, hija mía, acaso pudiera si nome encontrara tan fatigada, que ni alientos he tenido para arreglar la casa, ni sé cómo me las compondré para hacerle su sopita al niño cuando despierte.
- Cuídeme usted mi ollita- dijo la niña- y sin más preámbulo se metió en la casa, arregló todo, hizo la sopita y se la dio al niño. La madre sonrió dulcemente, el cansancio y la tristeza habían desaparecido de su casa.-
- Dios te lopague, hija mía – dijo la señora- coge la ollita y regresa a tu casa, cuando pases cerca del sitio donde te detuviste a lavar, busca la tripita entre las hierbas de la orilla, la encontrarás allí enredada. ¡Ah! Si en el camino oyes rebuznar al un burro, baja la cabeza y si oyes cantar a un gallo alza la cabeza.
Rosita se despidió cortésmente y se marchó corriendo por la ribera, llegó al lugarindicado, registró entre las hierbas, encontró la tripita, y guardó muy bien en la olla y brincando de gusto, siguió su camino. En eso, oyó un rebuzno y sin detenerse bajó la cabeza, ya veía la puerta de su casa cuando ¡cocorocó! Cantó un gallo. Se paró un momento, alzó la cabecita u volvió a bajarla, aturdida por los gritos de su madre y de Juanita que habían salido a su encuentro.
- Rosa dameahora mismo ese brillante que tienes en la frente- decía la hermana,
- ¡Qué bonita estás hija de mi alma!- replicaba la madre.
¿Qué había sucedido? Pues que al levantar Rosita la cabeza le cayó en la frente una estrella hermosísima, mandada por la madre y el niño a quienes ella sirvió con tan buena voluntad, y que tienen autoridad para pandar cuanto les plazca en el cielo y en la tierra.
Lachica contó minuciosamente cuanto le había pasado. Pero Juanita, un tanto envidiosa, decidió tener una estrella igual. Para lograrlo, a la mañana siguiente buscó entre los desperdicios y encontró un trozo de tripa, lo cogió, se fue al río, lo tiró al agua y se echó a andar, segura de tener la misma suerte que alcanzó Rosita el día anterior. También se encontró con el leñador.
¡Eh viejo! Le gritó-...
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