La vida en la comunidad en el evangelio

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La Vida de Comunidad a la Luz del Evangelio
L’OSSERVATORE ROMANO, 16 de diciembre del 1994.
1. La vida de comunidad, junto con los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, es considerada por el concilio Vaticano II, en el decreto Perfectae caritatis, como uno de los aspectos esenciales de la vida consagrada, a la luz del Evangelio y del ejemplo de las primeras comunidadescristianas.
La enseñanza del Concilio en este punto es muy importante, aunque es verdad que en algunas formas de vida consagrada, como las eremíticas, no existe una vida de comunidad muy intensa, o queda muy reducida, mientras que no se requiere necesariamente en los institutos seculares. Ahora bien, sí existe en la gran mayoría de los institutos de vida consagrada, y tanto los fundadores como la mismaIglesia siempre la han considerado una observancia fundamental para la buena marcha de la vida religiosa, y para una valida organización del apostolado. Como confirmación, la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica han publicado recientemente (el 2 de febrero de 1994) un documento especial sobre: La vida fraterna en comunidad.
2. Si contemplamos elEvangelio, se puede decir que la vida de comunidad responde a la enseñanza de Jesús sobre el vínculo entre los mandamientos del amor a Dios y del amor al prójimo. En un estado de vida en el que se quiere amar a Dios sobre todas las cosas, no se puede menos de comprometerse también a amar con especial generosidad al prójimo, comenzando por los que están más cerca dado que pertenecen a la mismacomunidad. Este es el estado de vida de los consagrados. Además, el evangelío atestigua que las llamadas de Jesús se dirigieron, ciertamente, a personas determinadas, pero en general para invitarlas a asociarse, a formar un grupo: así sucedió en el caso del grupo de los discípulos, y también en el de las mujeres.
En las páginas evangélicas se encuentra también documentada la importancia de la caridadfraterna como alma de la comunidad y, por consiguiente, como valor esencial de la vida común. El evangelio narra las disputas que se produjeron en varias ocasiones entre los mismos Apóstoles, los cuales, siguiendo a Jesús, no habían dejado de ser hombres, hijos de su tiempo y de su pueblo: se preocupaban por establecer las primicias de grandeza y de autoridad. La respuesta de Jesús fue unalección de humildad y de disponibilidad a servir (cf. Mt 18, 3-4; 20, 26-28 y paralelos). Luego, les dio su mandamiento, el del amor mutuo (cf. Jn 13, 34; 15, 12, 17), siguiendo su ejemplo. En la historia de la Iglesia, y en especial de los institutos de religiosos, el problema de las relaciones entre individuos y grupos se ha repetido a menudo, y la única respuesta válida que ha tenido es la de lahumildad cristiana y el amor fraterno, que une en el nombre y por virtud de la caridad de Cristo, como repite el antiguo canto de los «agapes»: Congregavit nos in unum Christi amor: el amor de Cristo nos ha reunido.
Desde luego, la práctica del amor fraterno en la vida común exige esfuerzos y sacrificios notables, y requiere tanta generosidad como el ejercicio de los consejos evangélicos. Por eso,ingresar en un instituto religioso o en una comunidad implica un serio compromiso de vivir el amor fraterno en todos sus aspectos.
3. La comunidad de los primeros cristianos es un ejemplo de amor fraterno. Se reúnen inmediatamente después de la Ascensión, para orar con un mismo espíritu (cf. Hch 1, 14), y para perseverar en la «comunión» fraterna (Hch 2, 42), llegando incluso a compartir sus bienes:«tenían todo en común» (Hch 2, 44). La unidad anhelada por Cristo encontraba en ese momento del inicio de la Iglesia una realización digna de recordarse: «La multitud de los creyentes no tenia sino un solo corazón y una sola alma» (Hch 4, 32).
En la Iglesia ha quedado siempre vivo el recuerdo -tal vez también la nostalgia - de esa comunidad primitiva, y en el fondo las comunidades religiosas...
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